Mucho más que los medios españoles, han sido algunos
de los más notables diarios de ambos lados del Atlántico los que han volcado
las críticas más duras contra el reciente viaje de Moratinos a Cuba. Para The
Wall Street Journal, Moratinos es “el hombre de Castro en Europa” y el
Frankfurter Allgemeine Zeitung estima que el ministro de Asuntos Exteriores
español “se ha puesto de rodillas” ante la dictadura cubana. Por su parte,
Enrique Oppenheimer, que obtuvo un Premio Pulitzer y escribe ahora en el Miami
Herald, afirma que no puede entender por qué, nuevamente, Moratinos se ha
negado a entrevistarse con los disidentes demócratas que se han quedado en la
isla y que son la única esperanza de que, en algún momento, Cuba pueda
transitar desde la dictadura a la democracia. Es exactamente lo mismo que hizo
en su anterior visita, en 2007, ante la sorpresa y el dolor de muchos de estos
disidentes, que no se esperaban semejante feo del jefe de la diplomacia
española.
Para algunos de estos disidentes el desprecio con que
entonces les obsequió Moratinos equivalía, lógicamente, a un espaldarazo a la
dictadura castrista. Un espaldarazo que ha vuelto a conferir ahora a una de las
peores tiranías que subsisten en el mundo de hoy. Entonces como ahora, el
ministro español afirma que hay que dejar que sean “los cubanos los que definan
su estrategia de futuro”, aunque no contesta cuando se le pregunta a qué
cubanos se refiere, porque dada la falta de libertad que hay en Cuba es evidente
que esos cubanos sólo pueden ser la nomenclatura comunista del castrismo.
¡Menudo porvenir el que Moratinos le ofrece a Cuba! El ministro español ha
llegado a decir que no se le deben pedir gestos a La Habana, a pesar de que su
admirado Obama, tras las facilidades dadas para viajar a Cuba y para contactar
con los cubanos, pidió precisamente a los Castro algún gesto que expresara su
voluntad de avanzar hacia cotas de mayor libertad. Y en la reciente visita de
Zapatero a la Casa Blanca,
Obama le pidió que transmitiera ese mensaje a La Habana. Moratinos
se mostraba muy orgulloso a su regreso el otro día porque había conseguido la
liberación de dos presos. Si tenemos en cuenta que en la isla sigue habiendo
más de 200 presos políticos, resulta que el ministro se conforma con menos del
1 por ciento. Y nadie nos garantiza que mientras salían esos dos no entraran
varios más en las mazmorras castristas.
Pero no sólo eso: en su empeño por denigrar al
gobierno Aznar —su política exterior consiste en hacer todo lo contrario de lo
que se hizo entonces- Moratinos mintió el otro día en el Senado afirmando que
en aquel periodo España no consiguió la liberación de ningún preso, lo que es
totalmente falso. En vísperas de la Cumbre Iberoamericana
de La Habana
de 1999, Castro liberó a petición española a Mendoza Rivero y Chamber Ramírez.
Por cierto que aquella cumbre se celebró gracias a la insistencia de Aznar —que
estuvo acompañando a D. Juan Carlos- ya que varios otros gobiernos se negaban a
asistir y que Washington hizo cuanto pudo para que se suspendiera. Aznar se
entrevistó con los principales disidentes e hizo gestiones para que uno de
ellos, Raúl Rivero, viniese a residir en España. El propio Rivero lo reconoció
a su llegada, que se produjo ya bajo mandato socialista. Tampoco dice la verdad
Moratinos cuando afirma que con él se ha recuperado la interlocución con La Habana. Pero esa
interlocución nunca se había roto hasta el punto de que el mismo Fidel Castro
fue recibido en La Moncloa
por Aznar en 1998. La gran diferencia es que en aquellas conversaciones las
cuestiones de la libertad de los presos políticos y la del respeto a los
derechos humanos estaban siempre presentes y ahora Moratinos se conforma con
palmaditas en la espalda, palabras complacientes y promesas de terminar de
arreglar los problemas cubanos con la
UE. De avances hacia la democracia nada en absoluto. Para el
actual gobierno español ese es un tema tabú y aludirlo en sus contactos cubanos
sería como mentar la soga en casa del ahorcado. Por eso, silencio total que
todo va bien en el paraíso castrista.
Moratinos —siguiendo, por supuesto, los deseos de
Zapatero- quiere aprovechar la
Presidencia española de la UE para lograr que se desmantele totalmente la
“posición común europea” aprobada a instancias de España en diciembre de 1996
por el Consejo de Ministros de la
UE, cuyo objetivo era “estimular el proceso de transición a
una democracia pluralista y el respeto a los derechos humanos y las libertades
fundamentales en Cuba, así como la mejora del nivel de vida de los ciudadanos”.
Allí se hablaba de diálogo y de cooperación, supeditada eso sí a “una cláusula
suspensiva para el caso de una violación grave de las disposiciones relativas a
los derechos humanos”. Lo triste y lo curioso no ese texto moleste a la dictadura
cubana, lo que era de esperar, sino que tampoco le guste al gobierno socialista
español, que prefiere hacerse cómplice de la opresión castrista. El PP, que
había ofrecido consenso para la
Presidencia europea, ya ha advertido que no cuenten con él
para esa denigrante aventura.