Castellón Cultural
Pizarro como alarma general PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Javier Arnal Agustín / OPINION   
domingo, 07 de febrero de 2010

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El turolense Manuel Pizarro ha dejado su escaño en el Congreso de los Diputados. Concluye su incursión en la política de partido, que ha durado dos años, de un modo sorprendente  por su brevedad y, a la vez, lógico por su evolución acelerada.

 

 

Mala noticia para Teruel, mala noticia para España, mala noticia para la política. Teruel tenía en el hemiciclo del Congreso de los Diputados a un hijo predilecto de la ciudad de gran valía humana y profesional. Tal vez de una valía que genera admiraciones y envidias casi por igual, pero sobre todo en unas arenas movedizas, tornadizas, volátiles e inconsistentes como la de muchos políticos en nuestros días.

 

Pizarro tiene 58 años.  Este turolense abogado del Estado, presidente de ENDESA, presidente de la Bolsa de Madrid, presidente de IBERCAJA y de la Confederación de Cajas de Ahorros Española (CECA), seguro que seguirá trabajando con ilusión allí donde se lo proponga, y prestando un inestimable servicio a la sociedad. Capacidad, caballerosidad e ilusión no le han faltado nunca.

 

Para algunos, la mera hipótesis de abandonar la política les quita el sueño, por el mero hecho de que no sabrían qué hacer, son “profesionales de la política”.  Basta repasar el currículum de no pocos ministros y del propio presidente del Gobierno, Rodríguez-Zapatero. Tal vez  ahí reside unos de los males principales de nuestra política actual: que la política no se concibe como un período de dedicación tras un itinerario laboral de otra índole, sino como un pesebre donde no prima trabajar bien, sino cultivar el arte de aparentar y, sobre todo, arrimarse y contentar en todo momento al número 1, sin discrepar ni tener ideas propias, porque le están vetadas.

 

No es el caso de Pizarro. Le conocí hace catorce años, en unas Jornadas para empresarios que organicé: muy amable, accedió a intervenir, y cautivó a los más de cien empresarios asistentes, por su análisis lúcido, por su rigor, por su realismo.  Desde entonces, nos une cierta amistad y hemos ido hablando en ciertas ocasiones, en ocasiones tras leer alguno de mis artículos en DIARIO DE TERUEL, que sigue con asiduidad.

 

Tiene la rara habilidad de hablar claro y de modo amable, al menos para quien busca mejorar en su vida empresarial o profesional. Es incómodo para quienes ansían el pesebrismo, el servilismo o la sumisión, y más todavía para esos seres vacíos que ni reconocen su vaciedad, porque se asustarían, pero más les molesta alguien que ponga en evidencia su vaciedad.

 

Reconozco que yo fui uno de los que escribió que Manuel Pizarro podría aportar mucho a la política española, y escribí que su desembarco en la arena política sería una excelente noticia para muchos. Sería romper una lanza a favor de un excelente profesional que se plantea una etapa política como de aportación y servicio, con un bagaje labrado a fuerza de tenacidad y esfuerzo, y no de reuniones y pactos más que sospechosos donde los políticos se desdicen, improvisan, aparentan y cambian todo –la mejora de la economía, la salud de los bancos, el empleo, las infraestructuras, la educación, y un largo etcétera- por la hipotética suma de votos o por contentar al número 1.

 

Y esta es la política que estamos viviendo en España,  la de tener unos gobernantes que son los que nos merecemos, y tal vez por eso estamos en una tan dramática situación, que sólo con unas elecciones anticipadas podría evitarnos dos años más de desquiciamiento, incapacidad e improvisación.

 

Tenemos grabado el “cara a cara” preelectoral entre Pedro Solbes y Manuel Pizarro, hace dos años. Los medios de comunicación otorgaron el papel de perdedor a Pizarro, y también algunos líderes del PP: cayó en desgracia, pese a que lo que él anunció que iba a suceder en España si no se cambiaba el modo de gobernar es lo que ha sucedido, y estamos sufriendo.

 

Pizarro ha demostrado lealtad, ha trabajado con abnegación en el Congreso de los Diputados, ha cumplido lo de “sudar la camiseta”, como prometió. Pero sólo ha aguantado 2 años, y tiene una dosis de extrañeza.  No me creo que se haya cansado, porque es tenaz.  Como buen aragonés, simplemente pienso que ha adoptado con realismo esa decisión, porque no se ayuda en nada si lo que se pide es darse con la cabeza contra una pared o una mera presencia formal de apretar un botón cuando te lo indican.

 

No que querido hablar con él todavía desde que anunció que abandonaba el escaño en el Congreso, el pasado día 29 de enero, porque su decisión no me apena por él, sino por nosotros, por nuestra clase política, que demuestra aferrarse a la mediocridad y rechazar la excelencia.

 

¿Fue  un error de Pizarro entrar en la política? Yo creo que no, porque ha ofrecido atisbos de lo que puede ser un tipo de políticos distintos en España. El error ha sido que no se puede tratar a una persona como Pizarro como flor de un día, juzgado y condenado por un debate…del que para mí salió triunfador. Es hombre de palabra: parece que otros no lo han sido, o consideran que ser de palabra no cabe en la política, y que lo tornadizo en ideas y personas es lo esencial.

 

 

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Modificado el ( viernes, 12 de febrero de 2010 )
 
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