El turolense Manuel Pizarro ha dejado su escaño en
el Congreso de los Diputados. Concluye su incursión en la política de partido,
que ha durado dos años, de un modo sorprendentepor su brevedad y, a la vez, lógico por su evolución acelerada.
Mala noticia
para Teruel, mala noticia para España, mala noticia para la política. Teruel
tenía en el hemiciclo del Congreso de los Diputados a un hijo predilecto de la
ciudad de gran valía humana y profesional. Tal vez de una valía que genera
admiraciones y envidias casi por igual, pero sobre todo en unas arenas
movedizas, tornadizas, volátiles e inconsistentes como la de muchos políticos en
nuestros días.
Pizarro tiene
58 años.Este turolense abogado del
Estado, presidente de ENDESA, presidente de la Bolsa de Madrid, presidente de
IBERCAJA y de la Confederación de Cajas de Ahorros Española (CECA), seguro que
seguirá trabajando con ilusión allí donde se lo proponga, y prestando un
inestimable servicio a la sociedad. Capacidad, caballerosidad e ilusión no le
han faltado nunca.
Para algunos,
la mera hipótesis de abandonar la política les quita el sueño, por el mero
hecho de que no sabrían qué hacer, son “profesionales de la política”.Basta repasar el currículum de no pocos
ministros y del propio presidente del Gobierno, Rodríguez-Zapatero. Tal
vezahí reside unos de los males
principales de nuestra política actual: que la política no se concibe como un
período de dedicación tras un itinerario laboral de otra índole, sino como un
pesebre donde no prima trabajar bien, sino cultivar el arte de aparentar y,
sobre todo, arrimarse y contentar en todo momento al número 1, sin discrepar ni
tener ideas propias, porque le están vetadas.
No es el caso
de Pizarro. Le conocí hace catorce años, en unas Jornadas para empresarios que
organicé: muy amable, accedió a intervenir, y cautivó a los más de cien
empresarios asistentes, por su análisis lúcido, por su rigor, por su
realismo.Desde entonces, nos une cierta
amistad y hemos ido hablando en ciertas ocasiones, en ocasiones tras leer
alguno de mis artículos en DIARIO DE TERUEL, que sigue con asiduidad.
Tiene la rara
habilidad de hablar claro y de modo amable, al menos para quien busca mejorar
en su vida empresarial o profesional. Es incómodo para quienes ansían el
pesebrismo, el servilismo o la sumisión, y más todavía para esos seres vacíos
que ni reconocen su vaciedad, porque se asustarían, pero más les molesta
alguien que ponga en evidencia su vaciedad.
Reconozco que
yo fui uno de los que escribió que Manuel Pizarro podría aportar mucho a la
política española, y escribí que su desembarco en la arena política sería una
excelente noticia para muchos. Sería romper una lanza a favor de un excelente
profesional que se plantea una etapa política como de aportación y servicio,
con un bagaje labrado a fuerza de tenacidad y esfuerzo, y no de reuniones y
pactos más que sospechosos donde los políticos se desdicen, improvisan,
aparentan y cambian todo –la mejora de la economía, la salud de los bancos, el
empleo, las infraestructuras, la educación, y un largo etcétera- por la
hipotética suma de votos o por contentar al número 1.
Y esta es la
política que estamos viviendo en España,la de tener unos gobernantes que son los que nos merecemos, y tal vez
por eso estamos en una tan dramática situación, que sólo con unas elecciones
anticipadas podría evitarnos dos años más de desquiciamiento, incapacidad e
improvisación.
Tenemos
grabado el “cara a cara” preelectoral entre Pedro Solbes y Manuel Pizarro, hace
dos años. Los medios de comunicación otorgaron el papel de perdedor a Pizarro,
y también algunos líderes del PP: cayó en desgracia, pese a que lo que él
anunció que iba a suceder en España si no se cambiaba el modo de gobernar es lo
que ha sucedido, y estamos sufriendo.
Pizarro ha
demostrado lealtad, ha trabajado con abnegación en el Congreso de los
Diputados, ha cumplido lo de “sudar la camiseta”, como prometió. Pero sólo ha
aguantado 2 años, y tiene una dosis de extrañeza.No me creo que se haya cansado, porque es
tenaz.Como buen aragonés, simplemente
pienso que ha adoptado con realismo esa decisión, porque no se ayuda en nada si
lo que se pide es darse con la cabeza contra una pared o una mera presencia
formal de apretar un botón cuando te lo indican.
No que querido
hablar con él todavía desde que anunció que abandonaba el escaño en el
Congreso, el pasado día 29 de enero, porque su decisión no me apena por él, sino
por nosotros, por nuestra clase política, que demuestra aferrarse a la
mediocridad y rechazar la excelencia.
¿Fue un error de Pizarro entrar en la política? Yo
creo que no, porque ha ofrecido atisbos de lo que puede ser un tipo de
políticos distintos en España. El error ha sido que no se puede tratar a una
persona como Pizarro como flor de un día, juzgado y condenado por un debate…del
que para mí salió triunfador. Es hombre de palabra: parece que otros no lo han
sido, o consideran que ser de palabra no cabe en la política, y que lo
tornadizo en ideas y personas es lo esencial.
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