El pasado 4 de marzo fue premiado en Castellón el turolense Manuel
Pizarro. La Asociación cultural Gregalle concedió el Premio a la Excelencia, en la III Gala de los Premios 9
de marzo, que es el premio más cotizado de los que concede esa asociación.
Como bien saben la mayoría de los
lectores de “Diario de Teruel”, trabajo y resido en Castellón, donde desde hace
10 años ocupo el cargo de Director de Canal 9. Como turolense y como amigo,
indudablemente estuve presente en la Gala, celebrada en el Teatro Principal de
Castellón.
Esta Asociación cultural tiene un
nombre muy significativo, puesto que “gregal” significa “viento que limpia”, y
tiene como fines esta entidad reconocer y estimular los valores en la sociedad.
Valores como la solidaridad, la libertad de expresión o la concordia, por citar
algunos de los premios que concede, deben ser continuamente estimulados.
Y dentro de los premios que
concede en esa Gala ocupa el lugar preferente el de la Excelencia, este año
concedido a Manuel Pizarro. Y es que Pizarro despierta admiración por toda la
geografía española, por su valía humana y profesional, por su tenacidad y
esfuerzo permanentes para sacar adelante proyectos personales y profesionales.
El Teatro Principal estaba lleno,
con cientos de asistentes, que aplaudieron largamente la concesión de este
premio. Para qué voy a negarlo, yo me sentí más que satisfecho, porque un
turolense vea reconocida su valía.
Ante la concesión de este premio,
en su discurso el galardonado puede optar por caminos muy diversos. Podía haber
hablado de generalidades o, en un descuido, ceñirse a su vida personal y
familiar. Eligió un discurso entrañable, dirigido al corazón y a la realidad
social de los castellonenses, que desde hace mucho tiempo sienten y vibran con
todo lo que la provincia de Teruel supone.
Pizarro atribuyó la “excelencia”
a todos los turolenses que, en el pasado o ahora, han viajado o convivido con
los castellonenses. Describió sus viajes a Castellón, en la infancia,
observando los contrastes de una provincia y otra, llamando a Castellón como
“tierra de promisión”, por su espíritu emprendedor, apoyado en un clima
excelente.
Somos miles los turolenses que
vivimos en Castellón.Es verdad que
turolenses y castellonenses compartimos la cualidad del esfuerzo tenaz. Existe
una corriente de simpatía recíproca entre ambas provincias, y probablemente irá
en aumento con la mejora de las comunicaciones, especialmente la autovía
mudéjar. Si antes nos sentíamos “cercanos”, ahora estamos “a un tiro de
piedra”, usando la expresión coloquial.
Teruel también, por tanto, ha de
sentirse orgulloso por este premio, que en la persona de Pizarro se entregó a
todos los turolenses. Que seamos pocos nos ha de mover a cuidar la excelencia
todavía más. Los aplausos del Teatro Principal los quiero y debo hacer llegar a
los lectores de “Diario de Teruel”.
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