Escrito por Miguel Barrachina Ros (Diputado Nacional PP) / OPINION
sábado, 13 de marzo de 2010
El gobierno socialista de Rodríguez Zapatero no deja de sorprendernos.
Ahora en una acción de consumado sectarismo se desentiende de la crisis y ya busca
solo el éxito electoral en 2012, sin considerar que aquella le llevará o no a
este.
El ejecutivo ha pactado con los sindicatos una paga, que podría
alcanzar los 500 euros para cada uno de los tres millones de empleados públicos
y con un coste total estimado de 1.452 millones de euros, que los socialistas harían efectiva durante la próxima campaña
electoral de Rodríguez Zapatero.
Podría parecer una broma en una república
bananera pero es real, se trata de España y tiene un coste estimado de 1.452
millones de euros,
Lo descubrí preparando una
comparecencia de la VicepresidentaFernández de la Vega, al encontrar en el punto 47 del acuerdo
que ella misma rubricó junto a los sindicatos representantes de la función
pública. Y, a pesar de ser cofirmante, la Vicepresidenta no
supo responder sobre cómo harían efectivo este desprendido y novedoso gesto
electoral.
Reproduzco, para los incrédulos,
el texto que, al hablar de las retribuciones
del personal, afirma literalmente que “dentro
del primer trimestre de 2012 –campaña y precampaña de las elecciones
generales- se percibirá el importe
correspondiente a la desviación de la inflación y el aumento salarial de 2010 y
2011”.
Dado que en el presente ejercicio
el crecimiento salarial ha sido del 0.3%, y que el propio gobierno, en los
presupuestos, estimó un crecimiento de precios -a través del deflactor del PIB-
del 1.6%, es evidente que la desviación se va a producir y que habrá “percepción”
o cheque, casualmente en fechas electorales.
La función pública española es una de las más eficientes de la Unión Europea, y no me
parecen bien ni mal las subidas salariales, o las recuperaciones de poder
adquisitivo perdido, pero es impresentable que la paga se realice en campaña
electoral y, además, esta ignore la situación de crisis nacional en la que el
propio gobierno nos ha situado, y a la que hay que someter cualquier decisión
salarial.
No puede el ejecutivo socialista
desdeñar la situación de crisis y pensar sólo en las elecciones. Con el
gobierno popular hubo congelación y posterior recuperación salarial en la etapa
de crecimiento, pero nunca tuvo ni forma de cheque, o pago único, ni fue en
campaña electoral, se hizo con la normalidad que un gobierno previsor hacía las
cosas.
Por eso el Secretario de Estado
de Hacienda, señor Ocaña, afirmó
hace dos semanas que para cumplir el Plan de Austeridad habría revisar el
acuerdo salarial con los sindicatos de la Función Pública, y fue
convenientemente acallado por el interés electoral que mueve al ejecutivo.
Miguel Barrachina Ros
Portavoz Función Pública PP y Diputado
Nacional por Castellón