No es mía la frase que sirve de título a esta columna: es de Juan Roig,
el presidente de Mercadona. Cuando hace unos días pronunció esas palabras, reconozco
que le presté especial atención, por proceder de quien procede. Entre
titulares, promesas, vaticinios, previsiones interesadas, nos perdemos un mes y
otro también en España, mientras la crisis económica y laboral sigue creciendo
y creciendo, sin que aquí casi nadie quiera ver lo que nos espera.
Pero a quien es capaz de facturar
más en 2009 ycrear 500 puestos de
trabajo fijos cuando el pánico o la inactividad se ceban entre los españoles,
yo le presto atención. ¿Cómo lo ha hecho? Bajando los precios, así de sencillo.
Es un tipo de empresario que hay
que seguir de cerca. Desde luego, los políticos no lo hacen, ni lo harán,
porque Juan Roig no les concede apenas relevancia para resolver la situación.
Dice que los políticos “deberían quedarse quietos”, medio en broma medio en
serio, y que “yo no creo en las subvenciones”, sino en ser más productivos.
Pues mira por dónde, yo coincido: la cultura de la subvención es la cultura de
la falta de imaginación, de trabajo, de esfuerzo, y así no mejoraremos la
situación.
Juan Roig es muy claro: vivimos a
un nivel de vida por encima de nuestras posibilidades ya que la productividad
es baja. Su solución, que tan buenos resultados le viene dando, es mejorar la
productividad, a base de reducir los precios en los supermercados.
El sector del automóvil ha
respirado por las subvenciones. Ahora, se subirá el IVA en coches y gasolina, y
la gente parece que no quiere privarse de nada. Yo no veo, con carácter
general, que las familias se planteen viajar menos, o en medios públicos de
transporte, o privar a un hijo veinteañero –que sólo estudia, no se plantea
“producir”- de un coche, con lo caro que resulta cada mes.
La que viene es gorda, y estoy de
cuerdo con Roig. No responsabilicemos a los políticos en primer lugar. Es una
cuestión personal y social, sobre todo. Luego, hablemos del mundo financiero,
sindicatos, cajas y bancos, gobernantes.
El Real Madrid es un ejemplo de
cómo vivimos. El Alcorcón le eliminó en la Copa del Rey y ahora el
Olympiquede Lyón de la “Champions”.
Pensamos que todo se resuelve con dinero, y no nos damos cuenta que planificar,
prever, trabajar con esfuerzo es mucho más seguro. Es una barbaridad pagar 65
millones de euros por Kaká, y no sólo por lo poco rentable que está resultando;
también es escandaloso pagar por Cristiano Ronaldo 94. ¿Cuándo se adoptará la
razonable medida de poner topes en el fútbol, o los aficionados castiguemos de
algún modo a los alocados? Porque ¿quién paga sino los ciudadanos los
desorbitados precios del fútbol? Pero aquí seguimos pensando que todo y siempre
lo puede el “poderoso caballero D. Dinero”. Que no se queje el madridismo.
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