Castellón Cultural
“Ser” o “estar” PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Juan Urios Ten / OPINION   
lunes, 26 de julio de 2010

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…”Aquí la necesidad no es infamia; y si es honrado, pobre y desnudo un soldado tiene mayor calidad que el más galán y lucido; porque aquí a lo que sospecho no adorna el vestido al pecho que el pecho adorna al vestido… (Calderón de la Barca)

 

 

Efectivamente, no es lo mismo “ser” soldado que “estar” de centinela o dicho de otro modo” el hábito no hace al monje”. El soldado tiene que ser un ejemplo para los demás; el centinela puede ser negligente o no serlo. El soldado debe tener unos principios y unos valores fundamentales y el centinela puede no tenerlos como “el honor y la bizarría, la disciplina y la obediencia, la constancia o la paciencia , el buen trato o la verdad”…ya que es el brazo armado de la Patria y representa esos valores a defender; es una profesión la suya de fuerte vocación, que imprime carácter duradero, permanente, y debe ser una referencia de espíritu de servicio, moderación y amistad; de no ser así, si  se busca solo “el adorno del vestido al pecho y no el pecho que adorna al vestido”, o “si se busca una buena renta” o poder, en ambos casos debe alejarse del servicio y elegir  otra profesión.

 

El “estar de centinela” (prestando cualquier servicio o ejerciendo la profesión militar, desde soldado a general) es temporal, puede hacerse bien o mal, se puede estar atento o distraído, supervalorado sin merecerlo, o infravalorado mereciendo más; todo depende de las cualidades humanas que el hombre haya adquirido o recibido a lo largo de su vida en la formación de su voluntad, en su conciencia y en sus decisiones personales de servicio a los demás.

 

Es posible que los verbos “ser y estar” sean, después de “amar y servir”, los más importantes y usados en el lenguaje; los cuatro tienen numerosas acepciones y significados. De todos ellos, intentamos analizar quizá la acepción más inusual, aquella que abarca el sentido filosófico y trascendente del hombre, su comportamiento y conciencia, sus virtudes y defectos, que  lo impulsan a ser como tal y a moverse en un espacio superior al de los animales, denominado “tercera dimensión”. “Ser” significa existencia y esencia, permanencia e intransitoriedad. “Estar”, por el contrario, manifiesta circunstancia y temporalidad transitoria. Aristóteles en su “Tratado metafísico sobre el Ser”, ya distinguía –hace más de 2300 años- en el ser humano la “forma” y la “materia”, lo permanente, trascendental e inmortal, de lo temporal, intrascendente y perecedero; en definitiva, reafirma una creencia universal a lo largo de la historia de que el ser humano está compuesto de espíritu y cuerpo.

 

La trascendencia o no, y el grado de la “forma” y “materia” de cada cual, nos conduce claramente al significado real  e importante del “ser y estar” de nuestras profesiones. El “ser o estar” determinan en ellas, sobre todo en aquellas profesiones más vocacionales nuestro grado de implicación y resolución en las mismas; así, ser sacerdote, maestro, juez, médico, policía, político o militar, entre otros, tiene más trascendencia  que en otras, porque de ellas, de sus decisiones y ejemplos depende toda la sociedad. Por eso decía Calderón de la Barca que lo que hace al soldado (al juez, al médico, al político…) son las cualidades de su “ser”: “el pecho”, la obediencia, la austeridad, la paciencia, la lealtad…el “espíritu” y la “forma”, y no las cualidades y circunstancias de su “estar”: el “vestido”, las riquezas, los adornos, las dádivas, los galaneos, el rehusar…su “cuerpo” y su “materia”.

 

Decía que el “ser y estar”, la “forma y la materia” es aplicable a todas las profesiones; así, el ser juez implica no solo saber estar como juez sino ser juez las veinticuatro horas del día, todos los días y todos los años de su vida, con las cualidades inherentes a su cargo y profesión: hombre de honor y justo, preparado y diligente, ecuánime y bondadoso. También se cumple en él la premisa como la del soldado: No es lo mismo “ser” juez que “estar” juzgando. El juez como toda persona puede estar afectado por las cualidades del “estar”: desacertado, coaccionado, mediatizado, politizado… circunstancias que debe evitar y no transmitir en sus fallos a sus conciudadanos que juzga, o al resto que leen o afectan sus conclusiones. Es comprensible y posible, que en el “estar” como personas, quepan jueces conservadores y jueces progresistas; muchos pensamos que pertenecer a las asociaciones de jueces progresistas o conservadoras “suena mal”, porque consideramos que la esencia del juez, “el ser”, es la justicia y no la política. Es lamentable e inadmisible que algunas de sus actuaciones se vean envueltas en tintes políticos, de poder o mediáticos, pues ello mancha tan digna profesión y perjudica a la Justicia.

 

De igual forma podríamos decir que no es lo mismo ser médico que estar pasando consulta; el médico se compromete en su “ser” con el juramento hipocrático a defender la vida, a curar al enfermo y reducir o quitar el dolor; su “estar” puede dictarle a ser discreto y respetuoso con la dignidad del paciente en un reconocimiento, o no; puede ayudar a nacer a un nuevo ser o asesinarlo en una clínica abortista. Igualmente, no es lo mismo  “ser” político que “estar”   haciendo política…

 

Habitualmente, estos conceptos los acomodamos a nuestros intereses personales, distanciándolos en lugar de armonizarlos, para así poder compaginar nuestras actuaciones en el “estar”, para así perfeccionar el “ser” de nuestras profesiones e intentar acercarnos a la teoría de la perfección de Aristóteles o a la hermosura poética  del “ser y estar” de Calderón  de la Barca, que terminaba diciendo aquello: ”Aquí, en fin la cortesía, el buen trato, la verdad, la fineza, la lealtad, el honor, la bizarría; el crédito, la opinión, la constancia, la paciencia, fama, honor y vida son, caudal de hombres soldados; que en buena o mala fortuna, la milicia (la profesión) no es más que una religión de hombres honrados”

 

por Juan Urios Ten

 

 

 
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