En el bar “Kubala” de Calamocha, cuando la selección española marcaba
un gol en los recientes campeonatos mundiales de fútbol, el dueño apagaba las
luces y todos los clientes al unísono entonaban entusiasmados el conocido
pasodoble “¡Y viva España!”. La
canción, entre la euforia desbordante de los presentes, se repetía al final de
cada partido. Los clientes del “Kubala” son en su mayoría gente joven, y cada
uno portaba su correspondiente bandera, bufanda o camiseta. Otra enorme bandera
roja y gualda, con el escudo nacional, adornaba el local, detrás del mostrador.
He vivido los acontecimientos del mundial y sus correspondientes
emocionesen este pueblo aragonés que
no llega a los cuatro mil habitantes, sumados nuestros invitados rumanos,
ecuatorianos, colombianos, musulmanes, etc. En la mayoría de las tiendas lucía
en el escaparate la querida bandera roja y gualda y en la mayoría de los
balcones y ventanas, allí estaban colocadas con mimo y cariño por los dueños:
el hijo de Rosa y Aurelio, los carniceros de la plaza, tenía adornada la tienda
con varias banderas de plástico y en el balcón lucíanal viento orgullosas otras dos banderas
nacionales; el hijo de Juanito el Gitano
y de María Jesús- por poner tan solo unos breves ejemplos- prestigiosos
comerciantes fruteros, en su casa de la calle Mayor tenían puestas sendas
banderas en cada balcón de los dos pisos. En Galerias Primero, un conocido supermercado, todo el techo estaba adornado con banderas, como si de
una hermosa verbena se tratara. Y así en todo el pueblo.
En el centro de la plaza, hace
años se erigió un hermoso y enorme monumento de hierro al “Baile de San Roque”. San Roque es el patrono del pueblo y el baile es una recia danza que los mozos
bailan delante del Santo, en una procesión cuya liturgia de reciedumbre asombra
a todos los forasteros. El monumento se completa con el perrico de San Roque y un mozo danzante. Es tradicional, que al
comienzo de las fiestas patronales, los mozos coloquen al santo y al danzante,
sendos pañuelicos rojinegros, cuyo
uso es tradicional en estas fiestas. Pero en esta ocasión, los mozos le
colocaron a San Roque a modo de capa una bandera y otra enorme, con la correspondiente
asta en la mano, de tal manera que convirtieron a San Roque en un aguerrido
teniente legionario. El mozo danzante, con otra hermosa capa roja y gualda
parecía un joven oficial de Regulares. Insólito.
Insólito ver a los chavalicos, y a los bebés todos vestidos
con su camiseta roja y a las jóvenes madresvestidas igual que los bebés que llevaban en sus carritos. El chino del
bazar Maria -me dicen- que agotó sus
existencias de la enseña nacional y tuvo que hacer varios pedidos.
La noche de la final, la plaza y San Roque, dejaron cortos a las
celebraciones deportivas de la Cibeles madrileña. Allí estaba todo el pueblo y
toda la gente joven. Coches con banderas nacionales enarboladas por las
ventanillas y claxons eufóricos y repetitivos, altavoces que transmitían el
popular “Y ¿Viva España!”, cohetes
revoltosos que se sumaban a la fiestas; gente joven emocionada que bailaba y
lloraba. Muchos rumanos y ecuatorianos, negros y musulmanes que se sumaban a la
fiesta. Insólito.
Algún amigo me cuenta que cuando
el PAR de la mano del PSOE llegó al Ayuntamiento, una de las primeras medidas fue
quitar todas las banderas nacionales que alternaban la alegría de la fiesta con
la querida bandera cuatribarrada (solamente eran y son incompatibles para los
fanáticos e intolerantes). Las nuevas autoridades dejaron, a título testimonial
y oficial, la bandera nacional del balcón del Ayuntamiento. Veremos a ver que
hace el alcalde, se pregunta con malicia este amigo. La realidad es la que es.
Y otra graciosa anécdota de estos días: a un conocido sindicalista que siempre
lleva a las manifestaciones de Zaragoza su querida bandera republicana le
sorprendieron bailando en la plaza con la bandera roja y gualda. Ante las
miradas perplejas de sus amigos, él les contestaba sonriendo, sin inmutarse. “Bueno, un día es un día, ¿O, no?”.
Creo que cuando el 28 de mayo de
1785, Carlos III eligió la rojigualda para sus buques de guerra, nunca llegaría
a pensar que en un lejano mes de julio del año 2010, esta enseña se convertiría
en la bandera querida, respetada y señoreada de la juventud española. Hasta el
extremo de que aquí, en Calamocha, más de un joven se ha teñido el pelo raso con
los colores nacionales. Insólito.