Escrito por Francisco Javier Planelles Segarra / OPINION
martes, 27 de julio de 2010
El Camino de Santiago, desde
que al comienzo del siglo XII, el primer obispo de la Diócesis compostelana,
Diego Gelmírez, salió hacia Francia e Italia para dar a conocer que allí, en su
finis terrae, se encontraban los restos del primero de los apóstoles:
Santiago, el Hijo del trueno, el evangelizador de España, el mayor de
los Zebedeos, el que su madre pidió a Aquel que dio la vida por todos que sus
hijos se sentasen, a la derecha y a la izquierda de Jesús en su reino...(Mateo
20,20-28); el camino, o caminos que conducen hasta el sepulcro del
Apóstol Santiago, Patrono de España, son un mosaico formidable de fe, devoción
y tradiciones recorrido por millones de peregrinos, no solamente de España, sino
de toda Europa que llegan a Santiago de Compostela a venerar las reliquias del
primero de los dos hijos del Zebedeo.
Querido lector,
Muchos son los motivos por los que peregrinamos a
Compostela, especialmente en años como el actual 2010, en el que, por ser Año
Santo, el Camino de Santiago se convierte en un magno acontecimiento
espiritual; cuando no, en un pseudo-espiritualismo new age, en el que
Dios no aparece en la vida de algunos “peregrinos”.
¡Sí!, hay muchas razones
iniciales para emprender una peregrinación hasta la tumba del apóstol Santiago:
el interés turístico y cultural de la Ruta jacobea, cumplir una promesa, buscar
la expiación de los pecados o, simplemente, hacer deporte: marcha
cicloturística, caminar a pie, montar a caballo o ir en coche y realizar un
viaje turístico por lugares llenos de monumentos y bellos paisajes. Lo que está
comprobado es que el Camino engancha, y nunca se llega a la meta igual
que cuando se dio el primer paso. Algo cambia, por fuera y por dentro. ¡Yo,
puedo decirlo!
A mi me cambió cuando, a
consecuencia de un desgraciado secuestro en Somalia que sobrellevé
pacientemente -durante 12 días- con gran incertidumbre, angustia y ampollas en
los pies al deambular up and down con mis captores por las montañas y
valle del río Juba somalí hasta mi liberación; con hambre, sed y cansancio;
picaduras de mosquitos e incomodidades de dormir sobre el suelo,... prometí en
un Año Santo similar al del 2010, peregrinar a Santiago -en un solitario
trayecto en bici de doce días de duración también, y asumir las
penalidades de ir pedaleando solo y en silencio durante las largas etapas de
Castellón de la Plana a Teruel, de Teruel a Tudela, de Tudela a Roncesvalles,
Estella, etc.etc.,...rezando y meditando hasta llegar al sepulcro del Apóstol
Santiago sobre el cual se ha construido la identidad de la Nación española y de
toda Europa para darle un fuerte abrazo de agradecimiento al Apóstol en la
misma catedral de Santiago y cumplir con una promesa y con una tradición que el
pueblo español mantiene desde hace cuatro siglos.
Ahí están, querido lector de www.gregaldigital.info, SS.MM. los
Reyes, D. Juan Carlos y Doña Sofía que en su visita a Santiago de Compostela
con motivo del Xacobeo’2010, pidieron en la ofrenda al Apóstol “amparo e
intercesión” para todos los españoles con una mención especial a nuestros
políticos, al solicitar a Santiago que ilumine su actitud al servicio del
interés general; así como que, “resuelvan cuanto antes los problemas y la grave
crisis económica que atravesamos”.
En su Mensaje de unidad el Rey
destacaba ante el Apóstol:
“¡Santiago, Patrón de España, te pido que
fomentes aquello que nos une y nos hace más fuerte!”.
“No es tiempo de desánimo, sino de mucho
trabajo y dedicación, tiempo de rigor y de grandes valores éticos”.
“¡Que sigas intercediendo por nuestra Patria,
por los españoles y por cuantos conviven con nosotros!”