Castellón Cultural
Don Fernando Gasset y la unidad de España (I) PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Germán Reguillo Simón / DON FERNANDO GASSET   
domingo, 07 de febrero de 2010

(Texto íntegro de la conferencia que, con este título, fue pronunciada por D. Germán Reguillo Simón en el Casino Antiguo de Castellón, organizada por la Asociación Cultural Cardona Vives) (1ª Parte).

Aquellos bravos españoles, alzados contra el francés en todos los rincones de España, reunidos el día 24 de septiembre de 1810 en la isla de San Fernando, comenzaron a debatir una constitución para España que tendría una influencia notable en la historia del constitucionalismo europeo e hispanoamericano. La aprobación del primer artículo consistió en afirmar que la nación española era la reunión de los españoles de ambos hemisferios. En el concepto, quedaban incluidos tanto los españoles europeos como los españoles americanos. Establecía una ruptura histórica, si bien mantenía la Monarquía como forma del Estado, al expresar que la soberanía -la capacidad de administrar, decidir o legislar- ya no pertenecía al rey sino al conjunto de todos los ciudadanos, libres e iguales. Esta concepción de la nación había sido formulada por la Revolución francesa y aquellos patriotas de Cádiz la adaptaron a nuestra particular situación histórica. El pueblo español en su conjunto, la nación, sustituía al monarca como soberano, si bien compartía con él, el poder legislativo y le reservaba el poder ejecutivo.En modo alguno, los constituyentes de Cádiz se inventaron una nueva nación española. Sencillamente, otorgaron al pueblo español la titularidad legítima de la soberanía. Por ello, en este mismo sentido, otra constitución liberal como la norteamericana de 1787, en el preámbulo comienza con aquellas bellas palabras que todos los niños norteamericanos aprenden en las escuelas e incluso en sus propias familias: “Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos….”. Como podemos valorar, el pueblo y la nación se convierten en los agentes soberanos de su propio destino. En Cádiz se reunieron 303 españoles de muy diverso origen y como los constituyentes norteamericanos, representaban una variada procedencia cultural –266 constituyentes peninsulares y 37 americanos-. Pero la máxima preocupación del constituyente español y del constituyente norteamericano, no era la identidad lingüística o cultural de sus respectivas naciones o pueblos. Ni siquiera establecieron un idioma oficial. Lo que les unía como nación era la libertad, la seguridad jurídica y la propiedad.Este nuevo patriotismo fue defendido por los liberales. Liberales, tanto republicanos como monárquicos y dinásticos. Por supuesto, que en aquellos momentos existían otras formas y otras emociones, de amar y entender a España, como, por ejemplo, la del carlismo. Al margen de la organización territorial de España, bien fuese jacobina y centralista, federal o foral, todas estas corrientes de pensamiento coincidían en la creencia de España como la patria común.En el caso particular de don Fernando Gasset, desde una posición de izquierda liberal avanzada, defendía este concepto de nación. En sus comienzos de joven abogado, don Fernando redactó su tesis doctoral sobre el concepto de nación, dirigida por don Nicolás Salmerón, catedrático de de la Universidad de Madrid y uno de los cuatro presidentes de la primera República. La imprenta Perales de Castellón la editó en el año 1882, y en el archivo municipal se conservaba un ejemplar que pude consultar durante la redacción de mi tesis doctoral. Toda la trayectoria política de don Fernando en la defensa de España como nación queda explicada en esa tesis. Ahí se encuentran las claves de su pensamiento. No nos extrañe, que ante el Estatuto de Autonomía de la región valenciana, defendiese con impecables argumentos jurídicos la identidad diferenciada de Castellón y del antiguo reino de Valencia en su conjunto, ante el llamado pancatalanismo.Creo que todos entendemos por pancatalanismo, sin pretensión peyorativa alguna y con respeto en lo personal hacia quienes  defienden la teoría,  la doctrina que aspira a la unión política de los llamados “Países Catalanes”, en base a la utilización de la misma lengua. Respeto que exigimos también hacia quienes discrepamos de la misma, en el debate cultural y político.(Y por cierto: con esos mismos argumentos de la identidad lingüística común y con más razones todavía, los ingleses o los españoles, podríamos reivindicar la unión política de todos los países anglosajones o hispanos que actualmente hablan inglés o español. El concepto de nación construido en torno a la lengua es una concepción primitiva e insuficiente, que la propia dinámica de los tiempos y de la ciencia política ha desbordado. Por ello, los castellanos parlantes de otras comarcas, como por ejemplo mi tierra de Segorbe, que nos sentimos valencianos de primera y al cien por cien, en modo alguno somos los anexos residuales y sin importancia que decía Joan Fuster, sino que reclamamos, tal y como somos, nuestro protagonismo en esta bendita tierra valenciana tan plural y tan variada como la propia España). Y llegados a este punto, quiero dedicar un cariñoso recuerdo a la persona de don José María Guinot, miembro de vuestra asociación, un gran amigo con quién en su propia casa intercambié largas conversaciones sobre el tema que nos ocupa.Vayamos analizando algunos hechos acaecidos,  protagonizados por don Fernando y por sus hombres, alertados y alarmados por las aspiraciones pancacatalanistas. Como sabemos, el termino Países Catalanes fue formulado, por primera vez, por el valenciano Bienvenido Oliver Esteller, natural de Catarroja, historiador del derecho, si bien con una significación conceptual más cultural que política. El término hace fortuna durante la Renaixença catalana de finales del siglo XIX, como sinónimo de los territorios de habla catalana y que encuentra un momento adecuado, coincidiendo con el pesimismo decadente de los españoles en aquel momento.Con motivo  de las elecciones generales del 24 de febrero de 1918, se celebró en el Teatro  Principal de Castellón un  mitin a favor del candidato maurista-regionalista Joaquín María Nadal Ferrer, presidente de la juventud maurista de Barcelona. Por su militancia política liberal conservadora y maurista, con cierta coherencia, no podría decirse del candidato que fuera precisamente un nacionalista catalán. Pero bastó su naturaleza catalana, para que suscitara una fuerte oposición del PR-CS.Francisco Avinent les dio la bienvenida a los oradores catalanes y valencianos, quienes pronunciaron en valenciano y en catalán sus  respectivos parlamentos. Esta actitud, inédita hasta entonces en la vida política de Castellón, de hablar en valenciano y en catalán en un acto electoral, fue contestada con visible indignación por una parte del público asistente en el que abundaban, como es lógico, los militantes republicanos: “¡Qué hablen en castellano!”, decían unos; “¡Visca Espanya!”, replicaban otros. Los políticos que presidían el acto, parapetados detrás de una mesa cubierta con una gran bandera cuatribarrada, no salían de su asombro.  En uno de los palcos apareció una enorme pancarta que decía, escuetamente, “Traidores”. Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, los regionalistas tuvieron que abandonar el Teatro en medio de una gran tensión, protegidos por la Guardia Civil, refugiándose, precisamente en esta casa, en el Casino Antiguo. Una nota publicada en el periódico “El liberal”, de fecha 23 de enero de 1918, apostillaba hiperbólicamente:“Frente al enemigo al traidor se le fusila por la espalda y a los catalanistas, con haber cometido este delito no se les ha fusilado, contentándose el pueblo con despreciarles en la forma que se ha hecho…”Estas actitudes del PR-CS, más que una hostilidad hacia Cataluña y hacia su bella lengua, reflejaban una latente inquietud y preocupación hacia el testimonial e incipiente pancatalanismo. Creo que todos admiraban a la Cataluña eterna, pero también entendían aquella sabiduría del refrán popular: cada uno en su casa y Dios en la de todos. Diremos que otros lingüistas como don Salvador Guinot o don Luis Revest, entre otros, en modo alguno derivaban del catalán posiciones políticas de ninguna clase. Su posición ante la lengua terminaba en el mismo debate académico.Otro incidente, en este mismo sentido, quedó de manifiesto en un mitin celebrado en la Plaza de Toros de Castellón, con motivo de las elecciones constituyentes del año 1931. En el preciso momento que José Castelló Soler, afiliado al PRRS presidido por Marcelino Domingo, se dirigió al público en valenciano, recibió el abucheo de los asistentes. Yo quiero entender que más que penalizar la expresión en valenciano, aquellos republicanos que ordinariamente se expresaban tanto en valenciano como en castellano, lo que manifestaban era su malestar hacia las posibles implicaciones catalanistas del PRRS.
Modificado el ( domingo, 07 de febrero de 2010 )
 
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