Castellón Cultural
La higuera como medicina PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Luis Mulet   
domingo, 07 de febrero de 2010
De sus semillas se obtiene por expresión en caliente el aceite de ricino (50%), cuyo empleo en farmacia (Oleum ricini) es como laxante (dosis de 2-10 gramos) y como purgante (15-50 gramos) aromatizándolo con aceite esencial de naranjo para mejorar su sabor. ¿Quién no recuerda el uso del aceite de ricino como castigo?   Image INTERÉS MEDICINAL Y TOXICOLÓGICO.Higuera Infernal (ricinus communis l.).   Luis Mulet Pascual                  De la familia botánica de las euforbiáceas, este arbusto cuyas hojas se asemejan a las de la higuera, encierra en sus semillas un conjunto de principios activos de gran interés medicinal y toxicológico.                Su origen es tropical (África) donde llega a alcanzar los 12 metros de altura. Se ha cultivado desde antiguo para el aprovechamiento de sus semillas en la obtención del aceite de ricino. Hoy lo encontramos en la Comunidad Valenciana naturalizado en las áreas litorales cálidas sometidas a la presión del hombre: escombreras, bordes de caminos, solares, etc. y como ornamental.                Por la semejanza de sus hojas a la palma de la mano, también se la conoce como Palma Christi, dándole más importancia a la planta al hacer referencia de la mano de Cristo. Otros nombres populares son ricino, higuera del diablo, herba de les talpes,...                De sus semillas se obtiene por expresión en caliente el aceite de ricino (50%), cuyo empleo en farmacia (Oleum ricini) es como laxante (dosis de 2-10 gramos) y como purgante (15-50 gramos) aromatizándolo con aceite esencial de naranjo para mejorar su sabor. ¿Quién no recuerda el uso del aceite de ricino como castigo?                Esta acción purgante se debe al ácido ricinoleíco que actúa sobre la mucosa intestinal. El ácido ricinoleíco se libera de sus glicéridos por la lipasa pancreática que actúa a nivel del intestino delgado. Tiene una acción lítica sobre los constituyentes lipídicos de la musculatura intestinal, provocando, por reflejo, una exageración del peristaltismo, lo que causa evacuaciones en el tiempo de 3 a 6 horas y sin dolores cólicos. Aunque su empleo no causa irritación de la mucosa gástrica intestinal, no debe usarse habitualmente contra el estreñimiento crónico ya que su uso prolongado produce dolores estomacales y anorexia (falta de apetito).                también está indicado el aceite de ricino en el tratamiento de intoxicaciones alimentarias que cursen con cólicos, náuseas, vómitos y diarreas o de intoxicaciones accidentales, siempre que no se trate de tóxicos liposolubles pues el incremento de sales biliares facilitaría su absorción.                Advertir que cuando este aceite de ricino está rancio, resulta tóxico y peligroso.                En la actualidad los derivados del ácido ricinoleíco se utilizan como "factores hidratantes" en cosmética. El mismo aceite de ricino entra en la formulación de brillantina, para dar más suavidad y brillo al pelo. En farmacia, este aceite, por su poder plastificante, lo utilizamos en la elaboración del colodión elástico.                Entre algunos usos populares destaca la aplicación de una gota de aceite de ricino en los orzuelos incipientes y su empleo como combustible para alumbrar.                En la etnobotánica castellonense he recogido dos usos que encierran un peligro de intoxicación por la presencia en la semilla de la toxialbúmina ricina. Así he observado el empleo de la semilla masticada como purgante (práctica muy peligrosa); y como antiodontálgico, en el dolor de muelas, efectúan dos cavidades en sus extremos con la ayuda de una aguja de coser, rellenándose ambos con pimienta (Capsicum annuum L.), aplicando la semilla en la muela careada, calmando el dolor.                Estos dos empleos recogidos en la medicina popular castellonense, encierran un enorme riesgo de intoxicación por la presencia de la ricina (toxialbúmina o fitotoxina termolábil) en la cubierta de la semilla. Esta fitotoxina (toxina de origen vegetal) posee una constitución proteíca y está considerada como una de las toxinas más potentes conocidas, aventajando en toxicidad a la estricnina, al cianuro, al ácido cianhídrico, etc. Tiene una acción similar a la de una toxina bacteriana y al veneno de serpiente. Actúa aglutinando los hematíes del hombre, de mamíferos y de los pájaros (acción hemolítica). Entra asimismo en las células de los animales superiores (mamíferos) y del hombre, bloqueando la biosíntesis de las proteínas por inactivación de los ribosomas (orgánulos encargados de la biosíntesis de las proteínas), lo que la hace extremadamente tóxica in vivo.                Esta toxialbúmina (ricina) se destruye por el calor en la obtención industrial del aceite de ricino.                Entre los síntomas de intoxicación que provoca la ingestión de sus semillas destaca la acción emetocatártica (irritación y hemorragia del tracto digestivo) con náuseas, vómitos violentos, sensación de quemadura en la boca y garganta con sed intensa, cólicos violentos con diarreas mucosanguinolentas, deshidratación, anuria (supresión de la secreción de la orina), vértigos, cianosis (coloración azulada de la piel), contracciones tetánicas con espasmos de garganta, temblores, un periodo de fiebre seguido de enfriamiento general, postración (la gente lo define como si hasta el respirar supusiera un gran esfuerzo), nefritis (lesión renal más o menos grave con proteinuria, cilindruria, hematuria y hemoglobinuria), como y al final la muerte por fallo circulatorio o coma urémico (incluso doce días después del envenenamiento).                A dosis de un gramo, las semillas pueden causar la muerte de un niño pequeño. Esta semillas, de aspecto parecido a las garrapatas de los perros (de donde procede el nombre del género: ricinus significa en latín garrapata), constituyen un verdadero peligro para los niños, que juegan  con ellas, chupándolas y masticándolas sein detectar en ningún momento algún sabor desagradable que provocara su rápido rechazo. Los casos mortales, no obstante, son felizmente raros.                En la obtención industrial del aceite de ricino, lo residuos del proceso de prensado de las semillas (tortas), por su elevado contenido de sustancias tóxicas, solo debe emplearse como fertilizante y nunca como forraje. En algunos países se han empleado estos residuos como veneno de las ratas.                Las personas que manipulan la planta (para la obtención del aceite de ricino) pueden padecer serios problemas alérgicos, como asma, urticarias generalizadas, eccemas alérgicos de contacto, problemas digestivos, incluso edema de Quincke y anafilaxia (reacción de hipersensibilidad exagerada). Estas alergias son debidas al contenido de las semillas de glicoproteínas que se comportan como alergenos o antígenos, del mismo modo que ocurre con las fresas (Fragaria vesca L.) y con el tomate (Lycopersicon esculentum Miller). El mismo polvo dispersado por el viento hace obligatorio tomar medidas particulares de higiene industrial, pues su inhalación causa inflamación de la nariz, faringe y ojos.                Se ha descrito la presentación de un shock anafiláctico por el simple hecho de llevar un collar formado por semillas de ricino perforadas.                Un caso muy publicado de uso homicida durante la guerra fría fue la muerte de un locutor búlgaro al que le fue insertada con fuerza en la pierna, una pequeña esfera metálica perforada que contenía ricina.                Por su semejanza a las toxinas bacterianas, la ricina es apta para producir en el suero sanguíneo una antitoxina que de cierta inmunidad contra el veneno. Así los animales pueden ser inmunizados mediante dosis pequeñas repetidas, tolerano entonces hasta 800 veces la dosis letal correspondiente.                Los animales son muy sensibles a la toxicidad de la planta, siendo el caballo el de mayor sensibilidad (la ingesta de 6 semillas resultan fatales).                Una especie botánica como el Ricinus communis L., demuestra la importancia del mundo vegetal como proveedor de principios activos al arsenal terapéutico empleado por la humanidad. Otras muchas especies están incorporando nuevos medicamentos en la medicina moderna, y al igual que la higuera infernal, son en muchos casos plantas tóxicas, pero ello nunca debe ser motivo de alrma que pueda llevar a su eliminación de nuestro entorno, sino todo lo contrario, nos debe servir de estímulo para conocer mejor nuestra vegetación así como su manejo.                                  BIBLIOGRAFIA:                 MULET, L. (1991). Estudio etnobotánico de la provincia de Castellón. Diputación de Castellón.                MULET, L. (1997). Flora tóxica de la Comunidad Valenciana. Diputación de Castellón.   
Modificado el ( domingo, 07 de febrero de 2010 )
 
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