DON ALFONSO CARLOS DE
BORBON, ULTIMO REY CARLISTA, MANDABA LAS TROPAS ACOMPAÑADO DE SU ESPOSA DOÑA
MARIA DE LAS NIEVES DE BRAGANZA
(Los partes de guerra señalaban
como fallecido un hijo del Infante don Enrique)
Afirmar que Alcora (Castellón)
fue una plaza codiciada por los carlistas no es ningún descubrimiento. Esta
aseveración la corrobora el especial protagonismo que ejerció durante la
primera y tercera de las guerras carlistas (1.833 a 1.840 y 1.872 a 1.876),
durante las cuales sus proximidades fueron escenario de cruentas batallas.
Varias son las causas que
justifican el interés carlista por conquistarla e intentar mantenerla en su provecho, a saber:
a)Su situación económica, (era el pueblo más rico de la
comarca, por consiguiente, suponía una valorada fuente de ingresos para su
hacienda, como asimismo un efectivo aporte de material y vituallas.
b)Confluir en Alcora una encrucijada de caminos de acceso
y bajada a numerosos pueblos de la montaña y hacia la costa.
c)Estar situada en un punto del terreno privilegiadamente
estratégico para su defensa. A todo ello es significativo señalar la actitud
dubitativa, cambiante, que mantuvieron los alcorinos durante estas guerras, que
unas veces se decantaban a favor de uno u otro bando, según convenía en cada
momento. Este confuso proceder nos permite deducir que le ocasionaría a sus
gentes dolorosas penalidades, como consecuencia de la rigidez represiva que le
impondría el bando que la ocupaba; y pagarían con su vida y hacienda algunos de
sus habitantes, sin haber cometido más delito que aprestarse a defender la
causa que consideraban más justa.
Como todos sabemos, estas guerras
se dilucidaban en defensa de lo que los carlistas estimaban su mejor derecho a
ocupar el Trono de España, y que dieron lugar a los conflictos fraticidas que
nos legó al morir el rey Fernando VII, que la generosidad del pueblo español le
adjudicó el sobrenombre de “El Deseado”, pero que fue tan calamitoso su reinado
que acabó aborrecido y odiado. Abolió la Ley Sálica, promulgada por Felipe V,
que excluía a las mujeres (princesas e infantas), y publicó la Pragmática
Sanción, al objeto de entronizar a su hija Isabel (Isabel II).
Aquella arbitrariedad del rey,
que cercenaba los derechos dinástico-sucesorios de su hermano don Carlos María
Isidro de Borbón, dio lugar a que éste tomara la decisión de exiliarse en
Portugal con toda su familia y, desde allí, hacer una proclama a los españoles
en defensa de su causa. El pueblo, siempre sensible a los aconteceres de la
monarquía, respondió dividiéndose en dos bandos contendientes, y así dirimir en
los campos de batalla la razón que cada rama borbónica estimaba más justa.
La Historia del Carlismo, para
bien o para mal, guste o no guste, está ahí y no se puede soslayar. Y los reyes
carlistas, los otros aspirantes Borbones, han sido una dinastía que, pese a ser
poco y mal conocida, ha dejado en nuestra historia la huella indeleble del
protagonismo de unas guerras entre hermanos, calificadas como de las más
cruentas e inhumanas de cuantas hayamos sufrido. Y que unidas a la de la
Independencia, las de Marruecos y las coloniales, configuran la constante
trayectoria bélica española durante todo el siglo XIX, que significaron un
caos, un paso atrás irreparable en la cultura, industria, comercio,
agricultura, e suma, una ruina para el pueblo. Con influencia negativa en los
valores morales y espirituales de una España sumida en la pobreza y desencanto.
Establecidas estas
consideraciones generales para centrar el tema, vayamos, pues, en pos de los
personajes y hechos objeto de este estudio.
¿QUIEN ERA DON ALFONSO DE
BORBON?
El infante don Alfonso Carlos de
Borbón y Austria-Este, era el segundo hijo del príncipe don Juan de Borbón y
Braganza, hermano de Carlos VI en la dinastía carlista, y de la princesa doña
maría Beatriz de Austria-Este, hija del ex emperador austriaco.
El matrimonio se encontraba
exiliado en Venecia –entonces república independiente- de donde tuvieron que
huir obligados por los sucesos revolucionarios de los unionistas italianos y se
refugiaron en Londres. Allí nació el infante don Alfonso Carlos de Borbón, el
día 12 de septiembre de 1849. A partir de esa fecha, la familia proscrita
comienza un constante deambular por países y ciudades de Europa. Un año
después, en 1850, se trasladan a Viena. En 1851 pasan al Gran Ducado de Módena,
familiares de ellos. Allí, los dos hermanos –Carlos y Alfonso Carlos- estudian
la primera enseñanza y vistieron su primer uniforme militar, como oficiales de
artillería de aquel Gran Ducado.
Los revolucionarios piamonteses,
en 1859, invadieron el Gran Ducado, y la familia carlista se traslada a Praga,
donde hallaron hospitalidad en la emperatriz María Ana, esposa del ex emperador
Fernando I de Austria. Las dos princesas –austriaca y española- estaban unidas
por vínculos de sangre.
En aquella ciudad los dos
hermanos se aprestan al estudio de la segunda enseñanza. Y otra vez los
movimientos revolucionarios les hicieron refugiarse en Venecia, donde
continuaron sus estudios; corría el año 1863. Residía exiliado en aquella
república su pariente Enrique V de Francia; una vida entregada al servicio de
la dignidad y del derecho monárquico, que sirvió de escuela a los dos hermanos.
Pero Venecia dejó de ser lugar de paz para convertirse en peligro inmediato. Y
en 1866, la familia busca de nuevo amparo y sosiego, esta vez, en Austria;
residiendo sucesivamente en Innsbruck (Tirol), luego en Viena, y unos meses
después marchan a Graz, en la Alta Austria, cuya estancia fue más permanente.
Al haber contraído matrimonio su hermano Carlos (Carlos VII) don Alfonso Carlos
se quedó allí en compañía de su madre.
En febrero de 1868 su tío,
Fernando V de Módena, le invitó a visitar los Santos Lugares. Aquella visita
fortaleció la fe del infante, y ese ardor religioso le llevó a ingresar, a los
dieciocho años, en junio de ese año, en el Batallón de Zuavos Pontificios,
donde llegó a alcanzar el grado de Alférez.
Durante un período de licencia
concedido por el fallecimiento del padre Venanci, confesor de la madre y profesor
de su hermano y suyo, fue a Graz a visitar a su madre, y de allí pasó a Mertz,
ciudad austriaca, para saludar a la reina Adelaida de Portugal, -viuda del ex
rey Miguel I de Portugal- que estaba también exiliada. Conoció entonces a la
hija de doña Adelaida, la gentil infanta doña María de las Nieves de Braganza,
joven de una educación esmerada, adquirida en colegios religiosos, y entre
ambos surgió la atracción amorosa.
Regresa a Roma y se incorpora a
su destino en el Batallón de Zuavos. Hervían en Italia los movimientos
unionistas, que ansiaban arrebatar al Papa el poder sobre los Estados
Pontificios. Se desencadenó la lucha, y en ella, en defensa del Papa, luchó
como alférez don Alfonso Carlos, poniendo en la contienda todo su ardor
valeroso. Pero la inferioridad de las fuerzas pontificias era tan evidente que
el enemigo logró su rendición y se alzó triunfante. Fueron hechos prisioneros y
sometieron a múltiples humillaciones a todo el Batallón de Zuavos. Los
recluyeron en Civitavecchia, de donde a los pocos días el infante logró escapar
y, disfrazado, se coló en un barco francés que lo llevó a Tolón. Desde allí
marchó a Vevey (Suiza), donde residía su hermano Carlos, el futuro Carlos VII
carlista.
Tras unos días con el joven
matrimonio volvió a Graz con su madre, desde donde partió para contraer
matrimonio con la infanta doña Maria de las Nieves de Braganza. Ceremonia que
tuvo lugar en el castillo de Klein-Heubach (Baviera) el día 26 de abril de
1871.
Los recién casados iniciaron
viaje al extranjero, visitando CORFO y otras islas del mar Jónico, pero, cuando
estaban en Malta, una llamada de su hermano Carlos le instaba a reunirse con él
en Ginebra. Se estaba preparando la tercera guerra carlista y quería saber si
podía contar con él. La inesperada llamada cambió sus planes y, de inmediato,
se dirigió al encuentro con su hermano. Al presentarse a él e informarle de los
preparativos de guerra, la respuesta de don Alfonso Carlos fue afirmativa. Y al
saberlo su esposa doña Maria de las Nieves, dijo a su marido: “Yo iré contigo,
soy buena amazona y experta en el tiro al blanco”.
Su deseo se cumplió y, junto a su
marido, sufrió todos los riesgos y penalidades de la guerra, en un constante y
esforzado vagar por las abruptas sierras del Maestrazgo, catalanas y aragonesas,
cabalgando un hermoso caballo blanco.
Los soldados carlistas dieron en
llamarla, cariñosamente, doña “Blanca”; tal vez sería por la similitud de su
segundo nombre: “de las Nieves”.
Ha sido nuestro propósito
extendernos en el relato de este capítulo de vicisitudes biográficas al objeto
de mostrar al paciente lector, con la aproximación posible, la realidad de los
personajes que tratamos. Como, asimismo, dejar constancia de su entroncamiento
con las monarquías –o ex monarquías- más representativas europeas y de su
esmerada educación y cultura. No se trataba, pues, de vulgares personajillos
incultos, desalmados y crueles, como fueron descritos por historiadores del
bando vencedor que, sin escrúpulos, distorsionaron los valores positivos de las
personas y la realidad de los hechos.
Consolidado el levantamiento en
el Norte, Cataluña, Aragón y Levante, el aspirante a la corona de España,
Carlos VII, conde de Madrid, estableció su corte en Estella. Nombró General en
Jefe de su Ejército del Centro y Levante a su hermano, el infante Alfonso
Carlos de Borbón, duque de San Jaime, que se encontraba refugiado en Francia.
Este logró cruzar la frontera junto con su esposa Maria de las Nieves y se
ocultaron en las montañas catalanas, desde donde inició la reorganización de
las tropas, que entonces eran un conjunto de partidas independientes y
diseminadas por Cataluña, Levante y Aragón. Y hay que reconocerle el mérito de
que supo, con su categoría, preparación y buen ejemplo, contribuir a dar un
impulso extraordinario al levantamiento en las zonas de su mando, durante los
meses de mayo y junio de 1873; logrando de aquellas bandas inconexas un
ejército regular, perfectamente organizado y disciplinado, dotado de pertrechos
y respetable por su número. Enfrentándose a las tropas del Gobierno Liberal con
valentía y, muchas veces, con éxito.
Charles Delessert, filántropo
francés, decía que “Cada historiador cuenta su propia historia”, y es cierto.
Por ello, la Historia del Carlismo que ha sobrevivido y llegado hasta nosotros
no es la real; se advierte en ella la influencia del bando vencedor, el cual
puso sumo cuidado en no referir -o disfrazar- aquellos hechos que no le
favorecían. Y mediante una literatura tergiversada sobre los carlistas fueron
tachados de ineptos y crueles. Es cierto que en aquellas guerras hubo crueldad,
pero fue idéntica por ambos bandos. Dígase si no fue crueldad la que cometió el
general Nogueras, Jefe de las tropas isabelinas del Bajo Aragón, al mandar
fusilar a la madre del general carlista Ramón Cabrera, durante la primera
guerra. Una pobre anciana que no había cometido más delito que el de ser madre
de un general enemigo. Podríamos citar numerosas acciones de crueldad, tanto de
una como de otra parte, pero no es éste un estudio de las crueldades de estas
guerras; quede, no obstante, como ejemplo la referencia de este lamentable y
monstruoso hecho de crueldad.
LA ACCION DE ALCORA O BATALLA
“DELS BARRANCONS”
Esta batalla tuvo lugar el día 14
de junio de 1874, y se conoce aquí con el nombre “del Barrancons”; denominación
que algún historiador valenciano o catalán le adjudicó, sin duda, por haberse
desarrollado principalmente en el paraje con ese nombre de ese término
municipal, pero que en la historia militar se conoce como “Acción de Alcora”.
El referido día se hallaba en
Alcora don Alfonso Carlos de Borbón, como General en Jefe de las Tropas del
Centro y Levante, acompañado de su esposa doña María de las Nieves.
Un importante contingente de
tropas -11.000 o 12.000 hombres- desplegado en profundidad, cubría las alturas
del terreno hacia Lucena y Villahermosa, dirigido por los generales Dorregaray,
brigadier Moya y brigadier Pascual Cucala, como principales.
No nos ha sido posible averiguar
si el puesto de mando y hospedaje de don Alfonso Carlos radicaba dentro del
pueblo, en alguna casa importante, o, por el contrario, se encontraba en las
proximidades de donde hubieran instalado el campamento militar, protegido por
su Batallón de Zuavos –que eran fuerzas especiales- además de otras fuerzas de
caballería, infantería y artillería.
Informado el Capitán General
interino de Valencia de la ocupación de Alcora por los carlistas, dispuso sus
tropas y, en una marcha de aproximación, se fueron acercando al pueblo.
Avistadas por las avanzadillas carlistas, alertaron a sus mandos y don Alfonso
Carlos y su esposa, con sus fuerzas de protección, se replegaron tras las
defensas establecidas por sus tropas en el monte de San Cristóbal y en las
sucesivas posiciones que jalonan las alturas del antiguo camino de Lucena.
Al amanecer el día 14 de junio,
rompieron el fuego los carlistas desde San Cristóbal y se entabló el combate,
avanzando las tropas del Gobierno y ocupando con rapidez el monte San
Cristóbal, presionando a los carlistas por sus flancos. Pero dejemos que nos lo
expliquen en los relatos literales los partes de guerra que cursaron los mandos
vencedores, una vez terminada la acción. Primero el Comandante Militar de
Castellón, coronel Plasencia, al Gobernador de Castellón al día siguiente, 15
de junio, y después el Segundo Cabo (1) de Valencia al Ministro de la Guerra,
don Juan de Zabala y de la Puente, teniente general, marqués de Sierra
Bullones. En aquella fecha regía los destinos de España un Poder Ejecutivo a la
caída de la Primera República, del que era Presidente don Francisco Serrano y
Domínguez, Capitán General del Ejército, duque de la Torre.
COPIA LITERAL DEL PARTE DE
GUERRA DE LA BATALLA DE ALCORA (2)
Que comunicó el Gobernador de
Castellón al Capitán General de Valencia el 14-06-1874:
“El Comandante Militar, Plaza de
Castellón, Sr. Plasencia, me dice lo siguiente: Victoria completa: el enemigo
ha dejado cubierto de cadáveres el campo, entre los que figura el hijo del
infante don Enrique y ocho zuavos que quisieron defenderle. Se les han hecho
ocho prisioneros, entre ellos un oficial. Nuestras pérdidas consisten en un
oficial (3) del Regimiento Córdoba muerto, y ocho oficiales y bastantes de la
clase de tropa heridos. Se han presentado 16 soldados de los prisioneros de
Nouvilas”.
COPIA LITERAL DEL PARTE DE GUERRA
(4) DEL SEGUNDO CABO DE VALENCIA AL MINISTRO DE LA GUERRA, EL DIA 16 DE JUNIO
DE 1874:
“El Capitán General Interino me
envía desde Alcora el parte de la acción sostenida el 14, que original remito a
V.E. por correo de hoy. Resulta de él que las facciones reunidas al mando de D.
Alfonso, en número de 11 a 12.000 hombres, creídos que por su superioridad
numérica podrían vencer, intentaron atacarle en Alcora, atrincherando por la
noche las formidables posiciones que rodean al pueblo por el lado del camino antiguo
de Lucena, y por la mañana presentaron sus masas en las cumbres, rompiendo el
fuego sobre la avanzada situada en la ermita de San Cristóbal, que está situada
en lo alto del monte, en cuya falda se asienta Alcora.
Reforzada la posición con un
batallón, el Brigadier Guardia quedó encargado de cubrir el pueblo y la
impedimenta con poca fuerza de infantería, la mayor parte de caballería y dos
piezas de montaña. El Brigadier Morales con dos batallones, un escuadrón de
caballería y otras dos piezas, ocupó el ala derecha para tomar de flanco las
defensas de la extrema izquierda enemiga y para vigilar los caminos de Lucena y
Urgas (5); dos compañías tomaron posición en la extrema izquierda de la altura
de San Cristóbal, y el General Montenegro subió a ésta con 3 batallones, un
escuadrón y seis piezas, atacándose con las dos compañías mencionadas, la
extrema izquierda del semicírculo que formaba la línea enemiga; en el centro
quedaron dos batallones y cuatro piezas custodiadas por dos compañías; fue
grande el arrojo y firmeza de nuestro ataque, cargando en el de la izquierda
tal número de enemigos que por precaución se creyó conveniente apoyarla con
otro batallón, cuyas fuerzas avanzaron considerablemente, arrojando al enemigo
y persiguiéndole más de dos horas hacia Lucena.
En este momento favorable se
envió el batallón que quedaba al lado del General (6) sobre el centro, que
estaba preparado a resistir fuertemente en una casa fortificada en un collado,
y en una línea de trincheras por derecha e izquierda. Protegido este ataque
como el de nuestra izquierda, por la artillería situada en la ermita, y como el
de la derecha por la sección del Brigadier Morales, fue tan decisivo, que al
poco tiempo se ocupó la posición, quedando las tropas dueñas de todas las
cumbres que ocupaba el enemigo que se dispersó completamente.
D. Alfonso y su esposa, que
estuvieron corto rato en la acción se retiraron a Lucena al ver la derrota de
sus fuerzas. Parte de éstas huyó a Villahermosa. Entre los muertos causados al
enemigo parece hallarse D. Enrique de Borbón (7), pues en su traje estaba la
carta que se remite, y se sabe era uno de los Jefes del batallón de Zuavos,
cuyo uniforme llevaba. Han sido heridos un Brigadier (8) y varios Jefes, y es
considerable el número de muertos vistos al reconocer sus posiciones, así como
el de heridos.
Se han rescatado 36 soldados (9)
del Ejército de Cataluña y hecho varios prisioneros, entre ellos un oficial y
un zuavo, siendo grande el resultado material y moral de este combate, por el
desaliento ocasionado en las facciones y en el país al ver su impotencia y que
no pueden sostenerse en el llano.
Nuestras pérdidas consisten en un
oficial (10) y nueve individuos de tropa muertos; 7 oficiales y 52 de tropa
heridos, y 3 oficiales y 23 de tropa contusos. Todos se han conducido
admirablemente; y la guarnición de Castellón, al oír el fuego, salió con su
Comandante militar a prestar su cooperación por si era necesaria, aunque llegó
al acabar el combate. Madrid, 16 de Junio 1.874, El Ministro de la Guerra: Juan
de Zabala.- El Presidente del Poder Ejecutivo: Francisco Serrano.”
CONCLUSION
Ponemos fin al relato de este
episodio bélico, tan íntimamente ligado al devenir histórico de Alcora; trabajo
que, aunque hayamos invertido en él muchas horas de estudio, consultas y
comprobaciones, entregados a la ardua labor de investigar archivos. Todo ese
esfuerzo lo daremos por bien empleado si con ello hemos contribuido al aporte
de nueva luz a los hechos que tratamos.
Nuestro propósito es proseguir la
investigación en cualquier fuente de información. Para ello recabamos la
colaboración de todo aquel alcorino, que quiera y pueda facilitarnos datos
escritos, noticias o documentos que, aún pareciendo banales, nos puedan servir
de cauce o dirección a inédito hallazgos sobre el carlismo relacionado con
Alcora. En historia todo tiene valor; nada es inútil e insignificante. Lo que
hayamos escrito, lo estará para siempre, y otros que nos sigan con más
preparación y, tal vez, con más entusiasmo nos pueden superar en lo alcanzado, aclararlo
o rebatirlo con nuevas aportaciones fidedignas. Por nuestra parte, si hemos
logrado despertar el interés del lector, amante de la historia de aquel querido
pueblo, nos sentiremos con ello reconocidos y satisfechos; esa y no otra era
nuestra modesta ambición.
BIBLIOGRAFIA Y FUENTES DE
INFORMCIÓN
Historia del Carlismo. Román Oyarzun. Editorial Fe.
Madrid. 1939
Los Reyes Carlistas. José L. Vilasanjuan. Editorial
Planeta. 1993
La Corona Vacilante. Juan Balansó. Editorial Plaza
y Janes. 1996
Las Perlas de la Corona. Juan Balansó. Editorial
Plaza y Janes. 1997
Alfonso Carlos de Borbón. Melchor Ferrer. Editorial
Tradicional. 1950
Archivos de la Diputación Provincial de Castellón.
Biblioteca de la Delegación de Defensa de Castellón.
LLAMADAS ACLARATORIAS
(1)El Segundo Cabo ostentaba el empleo de Brigadier y
ejercía como encargado del despacho del Capitán General. Este empleo estuvo en
vigor durante gran parte del siglo XIX.
(2)Boletín Oficial de la Provincia de Castellón nº 150, de
fecha 15 de junio de 1874 (Archivo de la Diputación de Castellón)
(3)El Oficial muerto era el Alférez don Ramiro Collantes
de Arce, del primer Batallón de Córdoba, cuya lápida mortuoria se conserva en
el Museo de Cerámica de Alcora.
(4)Gaceta de Madrid nº 168, de fecha 17 de junio de 1874.
(Archivo de la Diputación de Castellón)
(5)Dice el parte de guerra: “Urgas”. Creemos puede ser
error de trascripción del parte original por la imprenta y se trate de
“Useras”. Aunque más pudiera referirse a un caserío de masías que se encontraba
en una bifurcación del camino antiguo de Lucena, conocido como “Masía de
Furgas”.
(6)Se refiere al general liberal Montenegro.
(7)Consideramos erróneo el parte de guerra al indicar como
fallecido a D. Enrique de Borbón. En el Batallón de Zuavos carlistas estaban
encuadrados, como mandos orgánicos, dos hijos de este infante –don Alberto y
don Francisco de Borbón- y bien pudiera tratarse de uno de ellos. El infante
don Enrique era hermano de don Francisco de Asís, rey consorte de la reina
Isabel II. Don Enrique y don Francisco de Asís eran hijos, a su vez, de don
Francisco de Paula, hijo del rey Carlos IV. Desconocemos si este alto personaje
fue enterrado en el cementerio de Alcora, si es que realmente fue él el
fallecido. No consta en registro, que fue destruido en la Guerra Civil de 1936
al 1939.
(8)El Brigadier herido era Moya, que ejercía como Capitán
General de los carlistas en Valencia, y en esta batalla desempeñaba las
funciones de Jefe de Estado Mayor de don Alfonso Carlos. Fue evacuado herido a
Villahermosa, y después a Puertomingalvo (Teruel) donde falleció en el mes de
octubre, de resultas de las heridas.
(9)Estos soldados los llevaban los carlistas como
prisioneros de guerra. Pertenecían a las tropas catalanas que mandaba el
teniente general del Ejército Liberal Nouvilas, que en 1873 fue Ministro de la
Guerra.