Castellón Cultural
BATALLA DE LOS “BARRANCONS O ACCION DE ALCORA” PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Rafael Camacho García / HISTORIA   
jueves, 30 de abril de 2009

DON ALFONSO CARLOS DE BORBON, ULTIMO REY CARLISTA, MANDABA LAS TROPAS ACOMPAÑADO DE SU ESPOSA DOÑA MARIA DE LAS NIEVES DE BRAGANZA

 

(Los partes de guerra señalaban como fallecido un hijo del Infante don Enrique)

 

Afirmar que Alcora (Castellón) fue una plaza codiciada por los carlistas no es ningún descubrimiento. Esta aseveración la corrobora el especial protagonismo que ejerció durante la primera y tercera de las guerras carlistas (1.833 a 1.840 y 1.872 a 1.876), durante las cuales sus proximidades fueron escenario de cruentas batallas.

 

 Varias son las causas que justifican el interés carlista por conquistarla e intentar mantenerla en su provecho, a saber:

a)      Su situación económica, (era el pueblo más rico de la comarca, por consiguiente, suponía una valorada fuente de ingresos para su hacienda, como asimismo un efectivo aporte de material y vituallas.

b)      Confluir en Alcora una encrucijada de caminos de acceso y bajada a numerosos pueblos de la montaña y hacia la costa.

c)      Estar situada en un punto del terreno privilegiadamente estratégico para su defensa. A todo ello es significativo señalar la actitud dubitativa, cambiante, que mantuvieron los alcorinos durante estas guerras, que unas veces se decantaban a favor de uno u otro bando, según convenía en cada momento. Este confuso proceder nos permite deducir que le ocasionaría a sus gentes dolorosas penalidades, como consecuencia de la rigidez represiva que le impondría el bando que la ocupaba; y pagarían con su vida y hacienda algunos de sus habitantes, sin haber cometido más delito que aprestarse a defender la causa que consideraban más justa.

Como todos sabemos, estas guerras se dilucidaban en defensa de lo que los carlistas estimaban su mejor derecho a ocupar el Trono de España, y que dieron lugar a los conflictos fraticidas que nos legó al morir el rey Fernando VII, que la generosidad del pueblo español le adjudicó el sobrenombre de “El Deseado”, pero que fue tan calamitoso su reinado que acabó aborrecido y odiado. Abolió la Ley Sálica, promulgada por Felipe V, que excluía a las mujeres (princesas e infantas), y publicó la Pragmática Sanción, al objeto de entronizar a su hija Isabel (Isabel II).

Aquella arbitrariedad del rey, que cercenaba los derechos dinástico-sucesorios de su hermano don Carlos María Isidro de Borbón, dio lugar a que éste tomara la decisión de exiliarse en Portugal con toda su familia y, desde allí, hacer una proclama a los españoles en defensa de su causa. El pueblo, siempre sensible a los aconteceres de la monarquía, respondió dividiéndose en dos bandos contendientes, y así dirimir en los campos de batalla la razón que cada rama borbónica estimaba más justa.

La Historia del Carlismo, para bien o para mal, guste o no guste, está ahí y no se puede soslayar. Y los reyes carlistas, los otros aspirantes Borbones, han sido una dinastía que, pese a ser poco y mal conocida, ha dejado en nuestra historia la huella indeleble del protagonismo de unas guerras entre hermanos, calificadas como de las más cruentas e inhumanas de cuantas hayamos sufrido. Y que unidas a la de la Independencia, las de Marruecos y las coloniales, configuran la constante trayectoria bélica española durante todo el siglo XIX, que significaron un caos, un paso atrás irreparable en la cultura, industria, comercio, agricultura, e suma, una ruina para el pueblo. Con influencia negativa en los valores morales y espirituales de una España sumida en la pobreza y desencanto.

Establecidas estas consideraciones generales para centrar el tema, vayamos, pues, en pos de los personajes y hechos objeto de este estudio.

¿QUIEN ERA DON ALFONSO DE BORBON?

El infante don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, era el segundo hijo del príncipe don Juan de Borbón y Braganza, hermano de Carlos VI en la dinastía carlista, y de la princesa doña maría Beatriz de Austria-Este, hija del ex emperador austriaco.

El matrimonio se encontraba exiliado en Venecia –entonces república independiente- de donde tuvieron que huir obligados por los sucesos revolucionarios de los unionistas italianos y se refugiaron en Londres. Allí nació el infante don Alfonso Carlos de Borbón, el día 12 de septiembre de 1849. A partir de esa fecha, la familia proscrita comienza un constante deambular por países y ciudades de Europa. Un año después, en 1850, se trasladan a Viena. En 1851 pasan al Gran Ducado de Módena, familiares de ellos. Allí, los dos hermanos –Carlos y Alfonso Carlos- estudian la primera enseñanza y vistieron su primer uniforme militar, como oficiales de artillería de aquel Gran Ducado.

Los revolucionarios piamonteses, en 1859, invadieron el Gran Ducado, y la familia carlista se traslada a Praga, donde hallaron hospitalidad en la emperatriz María Ana, esposa del ex emperador Fernando I de Austria. Las dos princesas –austriaca y española- estaban unidas por vínculos de sangre.

En aquella ciudad los dos hermanos se aprestan al estudio de la segunda enseñanza. Y otra vez los movimientos revolucionarios les hicieron refugiarse en Venecia, donde continuaron sus estudios; corría el año 1863. Residía exiliado en aquella república su pariente Enrique V de Francia; una vida entregada al servicio de la dignidad y del derecho monárquico, que sirvió de escuela a los dos hermanos. Pero Venecia dejó de ser lugar de paz para convertirse en peligro inmediato. Y en 1866, la familia busca de nuevo amparo y sosiego, esta vez, en Austria; residiendo sucesivamente en Innsbruck (Tirol), luego en Viena, y unos meses después marchan a Graz, en la Alta Austria, cuya estancia fue más permanente. Al haber contraído matrimonio su hermano Carlos (Carlos VII) don Alfonso Carlos se quedó allí en compañía de su madre.

En febrero de 1868 su tío, Fernando V de Módena, le invitó a visitar los Santos Lugares. Aquella visita fortaleció la fe del infante, y ese ardor religioso le llevó a ingresar, a los dieciocho años, en junio de ese año, en el Batallón de Zuavos Pontificios, donde llegó a alcanzar el grado de Alférez.

Durante un período de licencia concedido por el fallecimiento del padre Venanci, confesor de la madre y profesor de su hermano y suyo, fue a Graz a visitar a su madre, y de allí pasó a Mertz, ciudad austriaca, para saludar a la reina Adelaida de Portugal, -viuda del ex rey Miguel I de Portugal- que estaba también exiliada. Conoció entonces a la hija de doña Adelaida, la gentil infanta doña María de las Nieves de Braganza, joven de una educación esmerada, adquirida en colegios religiosos, y entre ambos surgió la atracción amorosa.

Regresa a Roma y se incorpora a su destino en el Batallón de Zuavos. Hervían en Italia los movimientos unionistas, que ansiaban arrebatar al Papa el poder sobre los Estados Pontificios. Se desencadenó la lucha, y en ella, en defensa del Papa, luchó como alférez don Alfonso Carlos, poniendo en la contienda todo su ardor valeroso. Pero la inferioridad de las fuerzas pontificias era tan evidente que el enemigo logró su rendición y se alzó triunfante. Fueron hechos prisioneros y sometieron a múltiples humillaciones a todo el Batallón de Zuavos. Los recluyeron en Civitavecchia, de donde a los pocos días el infante logró escapar y, disfrazado, se coló en un barco francés que lo llevó a Tolón. Desde allí marchó a Vevey (Suiza), donde residía su hermano Carlos, el futuro Carlos VII carlista.

Tras unos días con el joven matrimonio volvió a Graz con su madre, desde donde partió para contraer matrimonio con la infanta doña Maria de las Nieves de Braganza. Ceremonia que tuvo lugar en el castillo de Klein-Heubach (Baviera) el día 26 de abril de 1871.

Los recién casados iniciaron viaje al extranjero, visitando CORFO y otras islas del mar Jónico, pero, cuando estaban en Malta, una llamada de su hermano Carlos le instaba a reunirse con él en Ginebra. Se estaba preparando la tercera guerra carlista y quería saber si podía contar con él. La inesperada llamada cambió sus planes y, de inmediato, se dirigió al encuentro con su hermano. Al presentarse a él e informarle de los preparativos de guerra, la respuesta de don Alfonso Carlos fue afirmativa. Y al saberlo su esposa doña Maria de las Nieves, dijo a su marido: “Yo iré contigo, soy buena amazona y experta en el tiro al blanco”.

Su deseo se cumplió y, junto a su marido, sufrió todos los riesgos y penalidades de la guerra, en un constante y esforzado vagar por las abruptas sierras del Maestrazgo, catalanas y aragonesas, cabalgando un hermoso caballo blanco.

Los soldados carlistas dieron en llamarla, cariñosamente, doña “Blanca”; tal vez sería por la similitud de su segundo nombre: “de las Nieves”.

Ha sido nuestro propósito extendernos en el relato de este capítulo de vicisitudes biográficas al objeto de mostrar al paciente lector, con la aproximación posible, la realidad de los personajes que tratamos. Como, asimismo, dejar constancia de su entroncamiento con las monarquías –o ex monarquías- más representativas europeas y de su esmerada educación y cultura. No se trataba, pues, de vulgares personajillos incultos, desalmados y crueles, como fueron descritos por historiadores del bando vencedor que, sin escrúpulos, distorsionaron los valores positivos de las personas y la realidad de los hechos.

Consolidado el levantamiento en el Norte, Cataluña, Aragón y Levante, el aspirante a la corona de España, Carlos VII, conde de Madrid, estableció su corte en Estella. Nombró General en Jefe de su Ejército del Centro y Levante a su hermano, el infante Alfonso Carlos de Borbón, duque de San Jaime, que se encontraba refugiado en Francia. Este logró cruzar la frontera junto con su esposa Maria de las Nieves y se ocultaron en las montañas catalanas, desde donde inició la reorganización de las tropas, que entonces eran un conjunto de partidas independientes y diseminadas por Cataluña, Levante y Aragón. Y hay que reconocerle el mérito de que supo, con su categoría, preparación y buen ejemplo, contribuir a dar un impulso extraordinario al levantamiento en las zonas de su mando, durante los meses de mayo y junio de 1873; logrando de aquellas bandas inconexas un ejército regular, perfectamente organizado y disciplinado, dotado de pertrechos y respetable por su número. Enfrentándose a las tropas del Gobierno Liberal con valentía y, muchas veces, con éxito.

Charles Delessert, filántropo francés, decía que “Cada historiador cuenta su propia historia”, y es cierto. Por ello, la Historia del Carlismo que ha sobrevivido y llegado hasta nosotros no es la real; se advierte en ella la influencia del bando vencedor, el cual puso sumo cuidado en no referir -o disfrazar- aquellos hechos que no le favorecían. Y mediante una literatura tergiversada sobre los carlistas fueron tachados de ineptos y crueles. Es cierto que en aquellas guerras hubo crueldad, pero fue idéntica por ambos bandos. Dígase si no fue crueldad la que cometió el general Nogueras, Jefe de las tropas isabelinas del Bajo Aragón, al mandar fusilar a la madre del general carlista Ramón Cabrera, durante la primera guerra. Una pobre anciana que no había cometido más delito que el de ser madre de un general enemigo. Podríamos citar numerosas acciones de crueldad, tanto de una como de otra parte, pero no es éste un estudio de las crueldades de estas guerras; quede, no obstante, como ejemplo la referencia de este lamentable y monstruoso hecho de crueldad.

 

LA ACCION DE ALCORA O BATALLA “DELS BARRANCONS”

Esta batalla tuvo lugar el día 14 de junio de 1874, y se conoce aquí con el nombre “del Barrancons”; denominación que algún historiador valenciano o catalán le adjudicó, sin duda, por haberse desarrollado principalmente en el paraje con ese nombre de ese término municipal, pero que en la historia militar se conoce como “Acción de Alcora”.

El referido día se hallaba en Alcora don Alfonso Carlos de Borbón, como General en Jefe de las Tropas del Centro y Levante, acompañado de su esposa doña María de las Nieves.

Un importante contingente de tropas -11.000 o 12.000 hombres- desplegado en profundidad, cubría las alturas del terreno hacia Lucena y Villahermosa, dirigido por los generales Dorregaray, brigadier Moya y brigadier Pascual Cucala, como principales.

No nos ha sido posible averiguar si el puesto de mando y hospedaje de don Alfonso Carlos radicaba dentro del pueblo, en alguna casa importante, o, por el contrario, se encontraba en las proximidades de donde hubieran instalado el campamento militar, protegido por su Batallón de Zuavos –que eran fuerzas especiales- además de otras fuerzas de caballería, infantería y artillería.

Informado el Capitán General interino de Valencia de la ocupación de Alcora por los carlistas, dispuso sus tropas y, en una marcha de aproximación, se fueron acercando al pueblo. Avistadas por las avanzadillas carlistas, alertaron a sus mandos y don Alfonso Carlos y su esposa, con sus fuerzas de protección, se replegaron tras las defensas establecidas por sus tropas en el monte de San Cristóbal y en las sucesivas posiciones que jalonan las alturas del antiguo camino de Lucena.

Al amanecer el día 14 de junio, rompieron el fuego los carlistas desde San Cristóbal y se entabló el combate, avanzando las tropas del Gobierno y ocupando con rapidez el monte San Cristóbal, presionando a los carlistas por sus flancos. Pero dejemos que nos lo expliquen en los relatos literales los partes de guerra que cursaron los mandos vencedores, una vez terminada la acción. Primero el Comandante Militar de Castellón, coronel Plasencia, al Gobernador de Castellón al día siguiente, 15 de junio, y después el Segundo Cabo (1) de Valencia al Ministro de la Guerra, don Juan de Zabala y de la Puente, teniente general, marqués de Sierra Bullones. En aquella fecha regía los destinos de España un Poder Ejecutivo a la caída de la Primera República, del que era Presidente don Francisco Serrano y Domínguez, Capitán General del Ejército, duque de la Torre.

 

COPIA LITERAL DEL PARTE DE GUERRA DE LA BATALLA DE ALCORA (2)

Que comunicó el Gobernador de Castellón al Capitán General de Valencia el 14-06-1874:

“El Comandante Militar, Plaza de Castellón, Sr. Plasencia, me dice lo siguiente: Victoria completa: el enemigo ha dejado cubierto de cadáveres el campo, entre los que figura el hijo del infante don Enrique y ocho zuavos que quisieron defenderle. Se les han hecho ocho prisioneros, entre ellos un oficial. Nuestras pérdidas consisten en un oficial (3) del Regimiento Córdoba muerto, y ocho oficiales y bastantes de la clase de tropa heridos. Se han presentado 16 soldados de los prisioneros de Nouvilas”.

 

COPIA LITERAL DEL PARTE DE GUERRA (4) DEL SEGUNDO CABO DE VALENCIA AL MINISTRO DE LA GUERRA, EL DIA 16 DE JUNIO DE 1874:

“El Capitán General Interino me envía desde Alcora el parte de la acción sostenida el 14, que original remito a V.E. por correo de hoy. Resulta de él que las facciones reunidas al mando de D. Alfonso, en número de 11 a 12.000 hombres, creídos que por su superioridad numérica podrían vencer, intentaron atacarle en Alcora, atrincherando por la noche las formidables posiciones que rodean al pueblo por el lado del camino antiguo de Lucena, y por la mañana presentaron sus masas en las cumbres, rompiendo el fuego sobre la avanzada situada en la ermita de San Cristóbal, que está situada en lo alto del monte, en cuya falda se asienta Alcora.

Reforzada la posición con un batallón, el Brigadier Guardia quedó encargado de cubrir el pueblo y la impedimenta con poca fuerza de infantería, la mayor parte de caballería y dos piezas de montaña. El Brigadier Morales con dos batallones, un escuadrón de caballería y otras dos piezas, ocupó el ala derecha para tomar de flanco las defensas de la extrema izquierda enemiga y para vigilar los caminos de Lucena y Urgas (5); dos compañías tomaron posición en la extrema izquierda de la altura de San Cristóbal, y el General Montenegro subió a ésta con 3 batallones, un escuadrón y seis piezas, atacándose con las dos compañías mencionadas, la extrema izquierda del semicírculo que formaba la línea enemiga; en el centro quedaron dos batallones y cuatro piezas custodiadas por dos compañías; fue grande el arrojo y firmeza de nuestro ataque, cargando en el de la izquierda tal número de enemigos que por precaución se creyó conveniente apoyarla con otro batallón, cuyas fuerzas avanzaron considerablemente, arrojando al enemigo y persiguiéndole más de dos horas hacia Lucena.

En este momento favorable se envió el batallón que quedaba al lado del General (6) sobre el centro, que estaba preparado a resistir fuertemente en una casa fortificada en un collado, y en una línea de trincheras por derecha e izquierda. Protegido este ataque como el de nuestra izquierda, por la artillería situada en la ermita, y como el de la derecha por la sección del Brigadier Morales, fue tan decisivo, que al poco tiempo se ocupó la posición, quedando las tropas dueñas de todas las cumbres que ocupaba el enemigo que se dispersó completamente.

D. Alfonso y su esposa, que estuvieron corto rato en la acción se retiraron a Lucena al ver la derrota de sus fuerzas. Parte de éstas huyó a Villahermosa. Entre los muertos causados al enemigo parece hallarse D. Enrique de Borbón (7), pues en su traje estaba la carta que se remite, y se sabe era uno de los Jefes del batallón de Zuavos, cuyo uniforme llevaba. Han sido heridos un Brigadier (8) y varios Jefes, y es considerable el número de muertos vistos al reconocer sus posiciones, así como el de heridos.

Se han rescatado 36 soldados (9) del Ejército de Cataluña y hecho varios prisioneros, entre ellos un oficial y un zuavo, siendo grande el resultado material y moral de este combate, por el desaliento ocasionado en las facciones y en el país al ver su impotencia y que no pueden sostenerse en el llano.

Nuestras pérdidas consisten en un oficial (10) y nueve individuos de tropa muertos; 7 oficiales y 52 de tropa heridos, y 3 oficiales y 23 de tropa contusos. Todos se han conducido admirablemente; y la guarnición de Castellón, al oír el fuego, salió con su Comandante militar a prestar su cooperación por si era necesaria, aunque llegó al acabar el combate. Madrid, 16 de Junio 1.874, El Ministro de la Guerra: Juan de Zabala.- El Presidente del Poder Ejecutivo: Francisco Serrano.”

 

CONCLUSION

Ponemos fin al relato de este episodio bélico, tan íntimamente ligado al devenir histórico de Alcora; trabajo que, aunque hayamos invertido en él muchas horas de estudio, consultas y comprobaciones, entregados a la ardua labor de investigar archivos. Todo ese esfuerzo lo daremos por bien empleado si con ello hemos contribuido al aporte de nueva luz a los hechos que tratamos.

Nuestro propósito es proseguir la investigación en cualquier fuente de información. Para ello recabamos la colaboración de todo aquel alcorino, que quiera y pueda facilitarnos datos escritos, noticias o documentos que, aún pareciendo banales, nos puedan servir de cauce o dirección a inédito hallazgos sobre el carlismo relacionado con Alcora. En historia todo tiene valor; nada es inútil e insignificante. Lo que hayamos escrito, lo estará para siempre, y otros que nos sigan con más preparación y, tal vez, con más entusiasmo nos pueden superar en lo alcanzado, aclararlo o rebatirlo con nuevas aportaciones fidedignas. Por nuestra parte, si hemos logrado despertar el interés del lector, amante de la historia de aquel querido pueblo, nos sentiremos con ello reconocidos y satisfechos; esa y no otra era nuestra modesta ambición.

 

BIBLIOGRAFIA Y FUENTES DE INFORMCIÓN

  • Historia del Carlismo. Román Oyarzun. Editorial Fe. Madrid. 1939
  • Los Reyes Carlistas. José L. Vilasanjuan. Editorial Planeta. 1993
  • La Corona Vacilante. Juan Balansó. Editorial Plaza y Janes. 1996
  • Las Perlas de la Corona. Juan Balansó. Editorial Plaza y Janes. 1997
  • Alfonso Carlos de Borbón. Melchor Ferrer. Editorial Tradicional. 1950
  • Archivos de la Diputación Provincial de Castellón. Biblioteca de la Delegación de Defensa de Castellón.

 

LLAMADAS ACLARATORIAS

(1)   El Segundo Cabo ostentaba el empleo de Brigadier y ejercía como encargado del despacho del Capitán General. Este empleo estuvo en vigor durante gran parte del siglo XIX.

(2)   Boletín Oficial de la Provincia de Castellón nº 150, de fecha 15 de junio de 1874 (Archivo de la Diputación de Castellón)

(3)   El Oficial muerto era el Alférez don Ramiro Collantes de Arce, del primer Batallón de Córdoba, cuya lápida mortuoria se conserva en el Museo de Cerámica de Alcora.

(4)   Gaceta de Madrid nº 168, de fecha 17 de junio de 1874. (Archivo de la Diputación de Castellón)

(5)   Dice el parte de guerra: “Urgas”. Creemos puede ser error de trascripción del parte original por la imprenta y se trate de “Useras”. Aunque más pudiera referirse a un caserío de masías que se encontraba en una bifurcación del camino antiguo de Lucena, conocido como “Masía de Furgas”.

(6)   Se refiere al general liberal Montenegro.

(7)   Consideramos erróneo el parte de guerra al indicar como fallecido a D. Enrique de Borbón. En el Batallón de Zuavos carlistas estaban encuadrados, como mandos orgánicos, dos hijos de este infante –don Alberto y don Francisco de Borbón- y bien pudiera tratarse de uno de ellos. El infante don Enrique era hermano de don Francisco de Asís, rey consorte de la reina Isabel II. Don Enrique y don Francisco de Asís eran hijos, a su vez, de don Francisco de Paula, hijo del rey Carlos IV. Desconocemos si este alto personaje fue enterrado en el cementerio de Alcora, si es que realmente fue él el fallecido. No consta en registro, que fue destruido en la Guerra Civil de 1936 al 1939.

(8)   El Brigadier herido era Moya, que ejercía como Capitán General de los carlistas en Valencia, y en esta batalla desempeñaba las funciones de Jefe de Estado Mayor de don Alfonso Carlos. Fue evacuado herido a Villahermosa, y después a Puertomingalvo (Teruel) donde falleció en el mes de octubre, de resultas de las heridas.

(9)   Estos soldados los llevaban los carlistas como prisioneros de guerra. Pertenecían a las tropas catalanas que mandaba el teniente general del Ejército Liberal Nouvilas, que en 1873 fue Ministro de la Guerra.

(10)  Ya aclarado en la llamada (3)

Modificado el ( jueves, 30 de abril de 2009 )
 
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