El Arte de Corte de Piedras en la Arquitectura Valenciana del Cuatrocientos: Un estado de la cuestión.
La herencia del cuatrocientos valenciano
El capítulo central del corte de piedras valenciano acabó con la muerte del maestro Pere Compte en 1506 y la dispersión del entramado profesional con motivo de la guerra de las Germanías. Pero lo investigado durante este periodo de más de medio siglo tuvo sus consecuencias.
Durante el siglo XVI la arquitectura valenciana tuvo una estimable arquitectura en piedra cortada. Aunque este nuevo episodio carece de la fuerza y de la variada invención desarrollada por las destacadas personalidades de Francesc de Baldomar y Pere Compte, debe señalarse un tipo que es debido, al menos en parte, a estos maestros: la escalera de caja construida con bóvedas tendidas al aire formadas por superficies alabeadas. La escalera de caja con patio de iluminación central, que ahora nos parece un tipo intemporal es, sin embargo, una invención desarrollada en el siglo XVI. La aplicación de bóvedas alabeadas a este tipo permite la continuidad de las mismas y le presta una singular belleza. Esta continuidad de bóvedas la realizaba ya, como es sabido, Pere Compte en los patios al aire libre característicos de la arquitectura valenciana del cuatrocientos. Durante el siglo XVI el tipo, ya con caja cubierta, conoció una asombrosa fortuna a lo largo de toda la geografía valenciana, desde Morella hasta Orihuela. La escalera del colegio del Patriarca Ribera en Valencia, o la del colegio de los dominicos de Orihuela son dos ejemplos magníficos.
Más tarde, ya en los siglos XVII y XVIII, la cantería valenciana desarrollaría otro episodio de interés, que ha sido definido como la neocantería. Este capítulo, se alimenta de la arquitectura oblicua desarrollada por J. Caramuel y coincide con la renovación realizada en la estereotomía francesa por G. Desargues. El episodio ha sido recientemente descrito por los profesores Joaquín Bérchez y Mercedes Gómez-Ferrer Lozano.
Pero con todo, el lugar en el que serían retomadas las investigaciones realizadas en el episodio cuatrocentista valenciano y llevadas a su máxima expresión, sería en el arte de corte de piedras español y francés del siglo XVI, la estereotomía moderna española se desarrolló primero en Murcia y más tarde en Andalucía y Castilla. En estos casos la arquitectura adoptaría el lenguaje de la antigüedad clásica.
Curiosamente, al menos hoy por hoy, donde mejor se puede seguir el hilo de las investigaciones valencianas del cuatrocientos no es tanto en la cantería española, sino en la francesa. Dos ejemplos permiten ilustrar con seguridad esta afirmación: la bóveda de la capilla funeraria de Assier y la llamada escalera de Toulouse.
La capilla funeraria de Galliot de Genouillac, el mariscal de artillería de Francisco I se encuentra en Assier, pequeña localidad del sudoeste francés. La capilla es de planta centralizada y repite la fórmula geométrica de la cabecera de la bóveda aristada de la capilla real de santo Domingo. Al parecer, fue construida en 1546. Cabe recordar que Francisco I estuvo prisionero en Valencia tras la derrota de Pavía en 1525. La relación entre una y otra bóveda ha sido destacada por Perouse de Montclos quien señaló a la de Valencia como testimonio excepcional de la influencia de la estereotomía española en el sudoeste francés.
La desaparecida escalera de los archivos del ayuntamiento de Toulouse era una escalera de caja con bóvedas alabeadas y aparejo perpendicular a los muros. Según Perouse de Montclos esta escalera era uno de los grandes desconocidos de la arquitectura francesa. Había sido citada como un arquetipo en un tratado de bóvedas simplemente como “la escalera de Toulouse” y es el primer ejemplo bien datado de escalera de caja cuadrada. Investigaciones del profesor Bruno Tollon han demostrado que fue proyectada por el maestro Benoit Augier a partir de 1530-1531. Este maestro, era originario de Lyon. Construyó la iglesia de san Pedro de Reus a partir de 1510 y aparece documentado en la iglesia parroquial de Ontinyent, construyendo las notables bóvedas de rampante redondo entre 1518 y 1530. Poco antes, en Ontinyent, se construyó la escalera del palacio de los Sancho, después del conde de Torrefiel. Esta es de caja cuadrada y bóvedas alabeadas. Augier parece haber recogido todas las novedades de la estereotomía moderna en Valencia ya que la obra de Reus sigue una factura extremadamente convencional. Lo más sutil y primoroso de la arquitectura
Convendrán conmigo que hemos paseado por un territorio de excelencia arquitectónica a través de superficies alabeadas de piedras y penetraciones de bóvedas. Todas estas arquitecturas de piedra cortada conforman el paisaje de fondo en el que nace el único tratado de corte de piedras publicado en Valencia: El tomo IV del compendio matemático de Tomás Vicente Tosca (Valencia, 1736). Este tratado traduce o copia puntualmente el tratado De lapidum sectione del matemático Milliet-Dechales. Tiene, sin embargo, el rasgo original de comenzar con una de las más bellas definiciones del arte de corte de piedras en lengua castellana, que me parece oportuno recordar. “Comprende este Tratado lo más sutil, y primoroso de la Architectura, que es la formación de todo genero de arcos y Bóvedas, cortando sus piedras, y ajustándolas con tal artificio, que la misma gravedad, y peso, que las avia de preciptar àzia la tierra, las mantenga constantes en el ayre sustentándose las unas à las otras, en virtud de la mutua complicación que las enlaza, con que cierran por arriba las Fabricas con toda seguridad, y firmeza”. Acaso sea oportuno traer a cuento otra definición, en este caso oída a un maestro de obras. Ciertamente no tan elegante, pero con la misma profunda comprensión de la mecánica estructural de las bóvedas: “mire, me dijo, una bóveda es un conjunto de piedras que se empujan para non caerse”.
Hablar de lo más sutil y primoroso de la arquitectura explica la oportunidad de este discurso, en este lugar. Debemos recordar el reiterado interés de esta Real Academia por el conocimiento y la permanencia de las arquitecturas de las que hablo. De hecho fue la Academia quién después de la exclaustración del convento de santo Domingo y del derribo de su iglesia, y ante el peligro de la pervivencia del resto, consiguió que el gobierno de la nación dictase Real orden de 23 de enero de 1844 concediéndole el patronato de las capillas real y de san Vicente. Igualmente inició la idea de convertirla en panteón de valencianos ilustres. El también director de la Academia, Luis Tramoyes Blasco, fue el primer investigador en iniciar el estudio arquitectónico de la capilla real en un artículo publicado en la revista de la Academia en 1915, gracias al cual, siguiendo su huella, pudimos localizar en su día la extensa documentación de archivo sobre su construcción.
El interés de la Real Academia por la Lonja de los mercaderes no ha sido menor. Entre los muchos ejemplos que pueden citarse está la calificación que hacía de ella el académico Vicente Noguera, en 1783, en plena aceptación del gusto neoclásico “majestuoso modelo de la arquitectura, aunque labrado a gusto gótico, todo respira exactitud, proporción, elevación y grandeza”. Deben citarse los planos del edificio levantados por Antonio Rubio para el concurso general de 1807 y que se custodian en el archivo de la Academia. Igualmente deben destacarse los planos realizados por el académico Ramón María Ximénez para Monumentos Arquitectónicos de España publicados por la Calcografía Nacional en 1876.
Pero en el debe del estado de la cuestión del conocimiento de este episodio quedan muchos capítulos por estudiar. Falta por analizar el papel de los promotores y mecenas de este episodio. Debemos estudiar cual es la clientela culta que no solo acepta sino alienta y celebra la creación de una nueva arquitectura. Sobre las intenciones artísticas de este episodio propuse en otro lugar la posible búsqueda de una antigüedad vetotestamentaria. Esta hipótesis podría profundizarse. Los precedentes y el origen del episodio no están exentos de zonas oscuras. La formación de Francesc Baldomar probablemente en Nápoles o Sicilia habrá de ser examinada a la luz de posibles nuevos documentos. El monasterio de la Trinidad es una pieza esencial en el desarrollo del episodio. Lamentablemente la documentación conocida hasta ahora es únicamente indirecta. El conocimiento exacto de los abovedamientos requerirá levantamientos con medición por láser e hipótesis razonables previas, especialmente en las bóvedas aristadas, extremo en el que estamos trabajando actualmente con el profesor José Carlos Palacios.
La difusión y herencia de los conocimientos adquiridos en el cuatrocientos valenciano –como siempre ocurre- no pasa tanto por el comercio del diseño y de la estampa, si no por la transmisión del saber y del saber-hacer. En este sentido deberá estudiarse el papel del maestro Joan Corbera, sucesor de Compte; la relación entre las cercanas ciudades de Orihuela y Murcia, donde al acabar el episodio cuatrocentista valenciano nace una espectacular escuela de cantería; igualmente deberá seguirse el hilo documental y de materia arquitectónica entre la cantería valenciana y la del sur de Francia.
Comencé con una alegoría y quiero acabar con otra. Es la imagen de una pieza estereotómica que casi todos hemos pisado para acceder a esta sala. Es una trompa, o pechina, con embocadura en carpanel, intradós cóncavo y trompillón avenerado. Es un simpático e inédito juguete matemático que descubrí hace unos meses al venir hacia la Academia. El semáforo que hay frente al museo de Bellas Artes estaba en rojo. Me di cuenta de que llevaba desatado el cordón de los zapatos. En el pretil del Turia hay un banco de piedra. Al poner allí el zapato para atármelo descubrí, discretamente situado en la esquina del puente de la Trinidad, esta pieza de estereotomía. Desconocemos a su autor. No obstante la disposición de la pieza, la forma en que se ubica y los acabamos señalan una obra de mediados del siglo XVIII, proyectada probablemente por un profesor de esta Academia. En cualquier caso su interés es evidente. Si una pieza como esta, sencilla, pero significativa del disfrute del espíritu de geometría, aparece al atarse los zapatos, que no aparecerá si estamos atentos a las fábricas, a las trazas y monteas existentes en los muros de los monumentos, a los documentos de archivo, a las geometrías de las bóvedas y a tantas otras cosas que quedan por estudiar”.
El ilustrísimo señor don Arturo Zaragoza Catalán, en fin, ha arrancado una página clave en el arte de corte de piedras en la arquitectura valenciana del cuatrocientos con la minuciosidad de datos aportados en su pormenorizado Discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia del pasado 29 de enero, y ha puesto de relieve ante los arquitectos y académicos presentes: un estado de la cuestión que, hoy revivimos al publicar (íntegramente) para los lectores de nuestro periódico Gregal Digital, de la misma forma apasionante con que el académico electo los defendió para que no nos perdamos en la desmemoria. ¡Gracias, profesor!. |